Luis I de España, un reinado relámpago

Grabado de Luis I, rey de España, 1817 (Sig: GRAB/475)
Grabado de Luis I, rey de España, 1817 (Sig: GRAB/475)

Este mes de febrero de 2024 contamos con una efeméride regia singular. Se cumplen los 300 años de la proclamación y ascensión al trono de Luis I como rey de España, más concretamente el 9 de febrero de 1724, a los 16 años de edad. Conocido como Luis I, el  Bien Amado, el Breve o el Rey silueta, su reinado fue el más efímero de la historia de España, puesto que sólo pudo ocupar el trono durante 229 días.
 

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Primeros pasos del futuro monarca

 

El estado de buena esperanza de la reina ya había sido anunciado a principios de 1707, siendo una gran noticia para el pueblo, que aclamó a María Luisa en todo su trayecto al visitar a la Virgen de Atocha el día 12 de febrero, continuando así con la tradición de las reinas de España.

Esta noticia también provocó cierto revuelo en  los círculos cortesanos, por saber qué personalidades estarían más cerca del futuro monarca, siendo la Princesa de los Ursinos, el Cardenal Portocarrero o el Duque de Medina-Sidonia algunos de los más reseñables.

En la obra Real festiua aclamacion executada en el Real y Magnifico Monasterio de las Huelgas, cercad e Burgos, del Orden del Melifluo Padre San Bernardo al anuncio alegre del preñado feliz de la Reyna...Maria Luisa Gabriela de Saboya, digna esposa de ...Filipo Quinto...(Signatura: III/6546(5)), presente en la Real Biblioteca podemos atisbar el ambiente festivo que esta noticia supuso para el reino:

 

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Nacido el 25 de agosto de 1707 en el desaparecido Palacio del Buen Retiro de Madrid, Luis I, hijo primogénito de Felipe V y María Luisa Gabriela de Saboya, se convirtió así en el primer soberano español de la dinastía de los Borbón nacido en la Villa madrileña. Se redactó todo un reglamento para la visita de S.M. la reina a la Virgen de Atocha, cuya efeméride también celebramos este año, para lo que también se puede consultar otra de nuestras entradas (Celebrando a la Virgen de Atocha en su Quinto Centenario). José Vega en su reconocida obra también nos aporta unas pinceladas de aquel momento histórico:

 

El natalicio, pues, augura prósperos horizontes: fecha de triunfo y onomástica de San Luis. Nuestro Príncipe llega nombrado. Grande es el júbilo de los españoles y de la Real Familia. Aquéllos no presencian tan fausto suceso hace cuarenta y seis años.  […] Felipe V muestra al pueblo, desde un balcón de Palacio, el augusto vástago. (Vega, José. Luis I de España (El rey silueta), 1943, p. 58)

 

Al felicissimo nacimiento de nuestro Principe... Don Luis Primero, hijo de... Don Phelipe Quinto y Doña Maria Luisa Gabriela Emanuel [sic] de Saboya... / por Don Manuel Gonzalez del Valle y Miranda..., 1707 (III/6494 (58))
Al felicissimo nacimiento de nuestro Principe... Don Luis Primero, hijo de... Don Phelipe Quinto y Doña Maria Luisa Gabriela Emanuel [sic] de Saboya... / por Don Manuel Gonzalez del Valle y Miranda..., 1707 (III/6494 (58))

 

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Este acontecimiento también fue nutridamente exaltado con cariñosas manifestaciones, especialmente desde la literatura, llegando incluso a desarrollar curiosos pronósticos astrológicos, todo ello disponible para su consulta en la Real Biblioteca:

 

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Felipe V lo presentó inmediatamente a la Corte y a los madrileños que se acercaron al balcón de palacio. Poco después, la propia reina volvería, ahora ya con el príncipe, a visitar a la Virgen de Atocha como agradecimiento. Ante la celebración del sacramento del baustimo, Alfonso Danvila nos narra lo siguiente: 

 

Sirvió de padrino al nuevo Príncipe, en nombre de Luis XIV, el que andando el tiempo, había de ser su suegro, ó sea el Duque de Orleans, que por entonces dirigía las fuerzas de España […] y fue llevado á la iglesia (8 Diciembre 1707) por la Princesa de los Ursinos, aya de S. A., en una silla de manos cubierta de espejos y de brocados de oro. (Danvila y Burguero, Alfonso. Luisa Isabel de Orleans y Luis I, 1902, pg. 65)

 

Esta gran celebración se desarrolló en medio de un impresionante despliegue palatino y cortesano de complejo ceremonial, cuyo oficiante religioso fue el cardenal Portocarrero en la Capilla Real. Buen ejemplo de ello nos da la muestra manuscrita del Horóscopo Mystico y Pronóstico sagrado en favor del Sereníssimo señor Sr. Don Luis Fernando Principe de Asturias y de Viana, s. XVIII (II/1431-f.40r-43r) que mostramos a continuación: 

 

Horóscopo Mystico y Pronóstico sagrado en favor del Sereníssimo señor Sr. Don Luis Fernando Principe de Asturias y de Viana., s. XVIII (II/1431-f.40r-43r)
Horóscopo Mystico y Pronóstico sagrado en favor del Sereníssimo señor Sr. Don Luis Fernando Principe de Asturias y de Viana., s. XVIII (II/1431-f.40r-43r)

 

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Luis tuvo otros tres hermanos: Felipe, que murió prematuramente a los pocos días de nacer; Felipe, nacido en 1712 y, poco más tarde, Fernando, el futuro rey Fernando VI. Tras este cuarto alumbramiento, la reina no pudo recuperar la salud y murió el 14 de febrero de 1714. Ante esta funesta noticia Felipe V se sumió en un estado grave de melancolía, que le acompañó por el resto de sus días, hasta tal punto que ya desde 1717 se barajó una posible abdicación en su hijo.

 

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Nuevo Príncipe de Asturias

 

Con tan sólo 2 años de edad, el 7 de abril de 1709, Luis es jurado y proclamado como heredero al trono en el madrileño templo de San Jerónimo, siendo ésta también una jornada festiva para nobles y multitudes.

Dándose esta gran noticia, se concedieron un indulto general (en [Papeles varios de Estado], s. XVII-XVIII, sig: II/1431) como vemos a continuación:

 

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Siendo apenas un infante, el 1 de julio de 1709, enfermó por primera vez de varicela, también conocida como viruelas locas, lo que dejará mermada su salud. Durante un tiempo pareció robustecerse, pero esta dolencia volvería para acabar con su vida años más.

Luis era aficionado a la vida de ejercicio al aire libre y sabía ganarse voluntades y afectos, cualidades que favorecieron el trato con niños de rango social inferior, esto es, hijos de los criados de palacio, con los que compartía diversiones y de quienes aprendió el habla madrileña popular.

Sin duda, uno de los momentos reseñables en la infancia de Luis fue el segundo matrimonio de su padre, Felipe V, con Isabel de Farnesio. Las capitulaciones de dicho enlace regio fueron precisamente firmadas en el séptimo cumpleaños del joven príncipe. Mucho se ha escrito sobre la relación entre Luis y su madrastra, pero parece que, aunque en un principio dicha relación se caracterizó más bien por su distancia y pulcra cordialidad, pasó a ser, años más tarde, sumamente cercana debido a la difícil situación que provocaba la presencia de María Luisa de Orleans, aquella que sería esposa de Luis y que había sido sugerida precisamente por Isabel de Farnesio.

Luis acompañaba a su padre en los desplazamientos de la Corte a los Sitios Reales, participando en las cacerías —cuestión muy criticada entre la gente—, pese a no tener más de nueve años y a que el médico del Rey, Burlet, vaticinaba que el heredero estaba amenazado del mismo mal que acabó con su madre.

Su educación, influenciada primero por María Luisa de Saboya y después por Isabel de Farnesio, se basó en los pilares de la fe, la familia, la monarquía, la etiqueta cortesana, el estudio de idiomas y conocimientos en la disciplina militar, las matemáticas y la literatura.

 

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Un matrimonio regio

 

Debido a la responsabilidad como futuro monarca, se hacía obligado la búsqueda de una esposa que fuera adecuada para ser entregada en matrimonio al futuro soberano. Felipe V solicitaba para su primogénito la mano de la hija del duque de Orleans y ofrecía la de su hija, la infanta María Ana Victoria, para desposarse con Luis XV, propuestas aceptadas e inmediatamente puestas en marcha, (octubre de 1721), lo que provocó que la Corte iniciara una fase trepidante de preparativos, intrigas y maquinaciones.

El compromiso matrimonial de Luis Fernando (15 años) con Luisa Isabel de Orleans (12 años), conocida como mademoiselle de Montpensier, se hizo público en la ciudad de París en septiembre de 1721. El día 9 de enero [1722] se llevó a cabo el intercambio de princesas en la isla de los Faisanes, en el río Bidasoa, donde se había construido un pabellón, en cuyo salón central tendría lugar la ceremonia, en medio de unos complejos preparativos y ceremoniales.

La información que llegó sobre Luisa Isabel, futura princesa, la hacían resaltar por su carácter dulce y respetuoso, además de belleza. Esto hizo que fuera la candidata perfecta, gracias también a la posición de los Duques de Orleans en la Corona de Francia.

El Palacio de Lerma fue escogido como escenario del enlace real que tuvo lugar el 20 de enero de 1722. Sin embargo, dicho palacio pertenecía al Duque del Infantado, proaustríaco, por lo que la estancia de los reyes y el príncipe no resultó demasiado acogedora. Dos días después del enlace, los reyes y los nuevos esposos retornaron a Madrid, donde les esperaban las fiestas previstas en la villa madrileña desde el 15 de febrero, convirtiéndose en un verdadero despliegue de ceremoniales religiosos y profanos.

Ya de vuelta en la capital, se empezaron a descubrir problemas de salud de la princesa, a lo que acompañó el despliege de su carácter y comportamiento. Toda esta información se extendió por todos los círculos cortesanos y plebeyos, siendo motivo de gran disgusto no sólo para Luis, sino también para los regentes que intentaron corregir a la princesa en numerosas ocasiones hasta tomar decisiones más tajantes.

 

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Abdicación de Felipe V y ascensión al trono de Luis I

 

Después de haber hecho partícipes a su confesor, al propio Luis y a Isabel de Farnesio de su decisión de abdicar, Felipe V lo comunicó y lo firma al Consejo de Castilla el 10 de enero de 1724. Así nos lo confirma la breve e instructiva obra de Joaquín Olmedilla:

 

Sabido es que Luis I subió al trono español por la renuncia que hizo su padre, Felipe V, de la corona, en el Real Sitio de San Ildefonso el [10 de enero de 1724] y la escritura original de aceptación por parte de Luis está fechada en San Lorenzo el Real á 15 de enero de 1724. Fue proclamado el 9 de febrero de este mismo año, que hizo su entrada pública en Madrid. (Olmedilla y Puig, Joaquín. Noticias históricas acerca de la última enfermedad del Rey de España Luis I, 1909, p. 8).

 

Luis I y su esposa se trasladan a Madrid desde el Escorial aclamados por el pueblo el 7 de febrero de 1724. Al día siguiente se les puede encontrar en la Basílica de Atocha, para ser definitivamente proclamado rey el 9 de febrero de 1724. Así, Luis Fernando pasa a ser Luis I de España.

Se llevaron a cabo numerosas celebración por la ascensión al trono del nuevo monarca, tanto en ciudades españolas como en territorios de ultramar. En este ejemplo podemos encontrar aquellos agasajos acometidos en la ciudad de Palma:

 

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Su juventud (apenas contaba con 16 años de edad) hizo aconsejable la creación de un gabinete de asesoramiento creado por el propio Felipe V, entre los que se encontraban figuras leales como el marqués Luis de Mirabal, D. Diego de Astorga, arzobispo de Toledo, los marqueses de Valero o Miguel Francisco Guerra, que había ocupado previamente la presidencia del Consejo de Castilla y era familiar del confesor de la Reina madre, entre otros.

Con motivo de su ascensión al trono, se acuñaron nuevas monedas, cuyos diseños están recogido en sendos ejemplares de la Real Biblioteca: 

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La estancia en el trono de Luis I se caracterizó por su tristeza, primero por la muerte de su madre y luego por la conducta de su esposa, llegando a encerrarla en estancia del Alcázar, entre el 4 y el 10 de julio.

Tras su ascenso al trono parece que hubo un intento de dirigir la política española con independencia de la francesa, pero tal fue la brevedad del reinado de Luis y la influencia de Felipe V a través del gabinete del nuevo soberano que no hubo tiempo para ejecutar cambios políticos significativos en España.

Aunque su reinado fue breve, Luis tuvo ocasión de aprobar y confirmar ordenanzas para el mejor gobierno de México, con fecha del 6 de mayo de 1724, cuatro meses antes de su fallecimiento (I-F-320). Además, el joven monarca contó con el tiempo suficiente para la creación de un nuevo título nobiliario, según era costumbre entre los soberanos. Este título aparece recogido en Creacion, antiguedad, y privilegios, de los titulos de Castilla /que escrive...Joseph Berni y Català..., 1769 (IV/979)

 

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  • Enfermedad y muerte de un rey

Luis ya había enfermado de viruela siendo un niño y parece que su estado de salud se vio resentido desde entonces. El 19 de agosto de 1724, vuelve a enfermar sin posibilidades de recuperación. Su esposa, con la que no había mantenido una buena relación, se contagió a su vez por los cuidados que le dio, aunque no sufrió el mismo destino que Luis, quien murió el 31 de agosto de 1724, con apenas 17 años recién cumplidos, habiendo sólo estado en el trono durante siete meses y medio.

Su cuerpo fue expuesto en el Salón de Reinos del antiguo Palacio del Buen Retiro para poder recibir el homenaje debido. De esta forma, la corona vuelve a las manos de su padre, Felipe V, quien curiosamente ostenta el reinado de más duración de la historia de España.

 

Retrato de Luis I en Historia de la villa y corte de Madrid / Por D. José Amador de los Ríos y D. Juan de Dios de la Rada y Delgado... Por: Amador de los Ríos, José (1818-1878), 1861 (INF/3826)
Retrato de Luis I en Historia de la villa y corte de Madrid / Por D. José Amador de los Ríos y D. Juan de Dios de la Rada y Delgado... Por: Amador de los Ríos, José (1818-1878), 1861 (INF/3826)

 

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Tras su muerte se celebraron las exequias acostumbradas, aún con mayor dolor por la juventud del soberano y por la tristeza que había caracterizado su semblante, siendo la Universidad de Salamanca una de las instituciones más prolíficas en sus panegíricos por el difunto rey: 

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En la Real Biblioteca también contamos con ejemplos de las exequias que se celebraron con motivo de este fallecimiento regio, sobresaliendo el territorio de México e Italia como podemos observar a continuación: 

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No podemos olvidarnos de recomendar la consulta de Días de gloria y muerte [música anotada] / Misas de José de Torres en honor del Rey Luis I ; estudio, edición y transcripción de Begoña Lolo, año 2000 (sig: MUS/1532), estudio moderno de la misa de difuntos que se celebró en la Capilla Real del Palacio Real de Madrid, para todos aquellos musicólogos y melómanos. 

 

Celebrando a la Virgen de Atocha en su Quinto Centenario

Arantxa Domingo Malvadi

Con motivo de la conmemoración en el 2023 del quinto centenario de la cesión de la Virgen de Atocha a los dominicos y la creación del convento e iglesia de la Virgen de Atocha donde se levantará siglos después la Real Basílica de Nuestra Señora de Atocha, la Real Biblioteca da a conocer los distintos materiales bibliográficos conservados entre sus fondos relacionados con la Virgen de Atocha,  la Real Basílica de Atocha y la devoción que sentían por ella la villa de Madrid y de sus monarcas. 

Se trata de una treintena de obras de variado contenido entre las que hay manuscritos, impresos de los siglos XVII, XVIII y XIX, fotografías, mapas y dibujos. 

Aunque la relación completa de las obras estará disponible en el próximo número de Avisos de la Real Biblioteca, ofrecemos aquí una selección de las piezas más importantes.

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Manuscritos


Entre los manuscritos debemos destacar en primer lugar el Reglamento dado por Felipe V para la salida en silla de la Reina de Palacio, a visitar y dar gracias a la Virgen de Atocha, año 1707, que hace referencia a la etiqueta que debían seguir los caballerizos y otros miembros de la corte con motivo de la primera salida de la reina para dar gracias a la Virgen de Atocha por el nacimiento de su primogénito Luis (II/2893, folios 271r-275v).

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Aunque muy breve, también resulta de especial interés la anónima Historia de la Virgen de Atocha que narra su origen y vicisitudes hasta ser depositada en el Hospital General el 2 de febrero de 1582. Se trata de una copia manuscrita del siglo XVIII conservada en un volumen de papeles varios (II/3541, folios 33r-36v).

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La colección de poemas que lleva por título Romancero de Nuestra Señora de Atocha es una copia autógrafa y de presentación que Manuel Bernard y Ossorio (839-1904), periodista y autor prolífico, dedicó, con la intención de obtener apoyo para su publicación, a la reina Isabel II, quien sentía una gran veneración por la imagen, especialmente tras el intento de atentado del cura Merino en 1852. La obra va precedida de una carta autógrafa dirigida a la reina y fechada en 1863, año de renovado interés por la iglesia tras su conversión en basílica menor por el papa Pío IX (II/3492).

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Impresos e impresos menores

Entre los impresos de los siglos XVII, XVIII y XIX, sobresalen la Historia de la santa y deuotissima imagen de nuestra señora de Atocha, obra del dominico Francisco Pereda, que fue publicada en Valladolid en 1604 e incluye un frontispicio calcográfico con la imagen de la Virgen surmontando el escudo de Madrid (VII/170) y la Historia de la milagrosa y venerable imagen de N.S. de Atocha, Patrona de Madrid, del también dominico Gabriel Cepeda, impreso en Madrid, en la Imprenta Real, el año  de 1670 (VI/3409). La mayoría de estas ediciones incorporan grabados calcográficos que representan a la Virgen de Atocha.

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El padre Jerónimo Quintana escribió la Historia del origen y antiguedad de la venerable y milagrosa imagen de Nuestra Sª de Atocha, impresa en Madrid, en la Imprenta del reyno, el año 1637 (Descalzas Reales MD/C/510), para consolidar la primacía de la Virgen de Atocha como patrona de Madrid. La obra, que incluye un frontispicio del grabador de origen francés asentado en Madrid, Juan Courbes, generó cierta controversia entre quienes defendían la preeminencia de la Virgen de la Almudena frente a la de Atocha. 
 

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Con el mismo afán apologético escribió el dominico Agustín Cano y Olmedilla La verdad triunfante : tratado apologetico, en defensa de la antiguedad, propriedad [sic], y patronato de Nra Sra de Atocha en Madrid contra las novedades, que Don Juan de Vera Tassis y Villarroel, cronista de su magestad y fiscal de comedias, intenta (sin razon) introducir, en la historia que ha publicado, de la milagrosa imagen de nuestra Señora del [sic] Almudena. En Madrid : en la oficina de Melchor Alvarez, 1694 (VIII/7406).

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El Teatro de las Grandezas de la villa de Madrid de Gil González Dávila, publicado en 1623, dedica unas páginas a la historia del convento de Nuestra señora de Atocha e incluye un grabado calcográfico que unos atribuyen a la Virgen de Atocha y otros a la Virgen de la Almudena (IX/7039).
 

 

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De interés bibliográfico es el pliego suelto sin datos de publicación titulado Descripción afectuosa que un deuoto feruor consagra a la Inmaculada y sacrosanta Madre de Dios de Atocha reyna soberana de angeles, y hombres, y especial patrona de Madrid, Corte del Gran Monarca de dos Mundos don Carlos Segundo, que dios guarde, en ocasion de averla traìdo en general, y solemne procession... el sabado 26. de Iulio deste año de 1681 desde su real y santa casa de Atocha hasta el colegio de Santo Tomàs desde donde passò el domingo siguiente 27. de dicho mes al convento de las señoras Descalças Reales, acompañada, y asistida del rey nuestro señor, de sus reales consejos, y de toda la nombleza destos reynos (III/6484_27).

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Dibujos, grabados, planos

Entre los dibujos, mapas y grabados destacamos el diseño del siglo XVII de la Planta que se a echo para la procesión que su Magestad a mandado para llebar la ymagen de n. Sra. de Atocha a las Descalzas Reales. 1649, a 13 de junio, que presenta anotaciones con firmas y rúbrica de Alonso Carbonel y el Marqués de Castelrodrigo (II/1606bis, folio 8v).

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Se conserva un Plano de la Real Basílica Nuestra Señora de Atocha, anónimo, del siglo XIX realizado a plumilla y acuarela (ARCH3/CART/20_48).

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Lugar de veneración de los diferentes monarcas y miembros de la Casa Real, en la basílica contrajeron matrimonio Alfonso XII y María Cristina en noviembre de 1879. Del cortejo real desde la basílica a palacio una vez casados es fiel reflejo la colección de treinta y ocho dibujos a plumilla y aguada que conforman la obra de Vicente Sabater y Puchades, conocida con el título de Comitiva regia en el casamiento de S.M. el Rey de España Don Alfonso 12 con S.A.I. y R. la Archiduquesa Dª María Cristina de Austria en el trayecto desde la Real Basílica de Atocha a Palacio, el día 29 de Noviembre de 1879 (IX/M/98bis).

Islas Baleares: Destino regio

Recuerdos y bellezas de España: obra destinada para dar a conocer sus monumentos, antigüedades, paysages etc: Mallorca / en láminas dibujadas del natural y litografiadas por F.L. Parcerisa; acompañadas con texto por P. Piferrer.  (Signatura INF. 4654)

Recuerdos y bellezas de España: obra destinada para dar a conocer sus monumentos, antigüedades, paysages etc: Mallorca / en láminas dibujadas del natural y litografiadas por F.L. Parcerisa; acompañadas con texto por P. Piferrer.  (Signatura INF. 4654).

 

En estos meses estivales todos fantaseamos con un breve (o prolongado) descanso que nos permita olvidarnos de la rutina y disfrutar de lugares nuevos. Elegimos un destino, preparamos nuestras maletas y, como si de una pequeña comitiva se tratase, partimos. Sin embargo, los ciudadanos no son los únicos que se embarcan en viajes. En este artículo veremos una pequeña variedad de los ejemplares pertenecientes a la Real Biblioteca donde se nos muestran algunos de los soberanos que han visitado, bien por placer o por deber, los territorios de las Islas Baleares. 

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  • Reyes de Sicilia e infantes de Aragón (Martín I, el Humano, Rey de Aragón) (1392)

 

Martín I, rey de Aragón  Los retratos de los Reyes de España / por F. J. Sánchez Cantón; con la colaboración de José Pita Andrade; Prólogo del Duque de Alba. (Signatura PAS/4094).

Martín I, rey de Aragón

Los retratos de los Reyes de España / por F. J. Sánchez Cantón; con la colaboración de José Pita Andrade; Prólogo del Duque de Alba. (Signatura PAS/4094).

 

Uno de los primeros viajes que encontramos en nuestro ejemplar Viajes reales a la Isla de Mallorca : Notas tomadas a vuela pluma con motivo de la visita de S.M. el Rey D. Alfonso XIII (q.D.g.) a esta isla (Signatura: INF/5250) es el de los reyes de Sicilia e infantes de Aragón, el 20 de febrero de 1392, cuando la princesa de Sicilia pasa brevemente por las Baleares junto a su esposo D. Martín, de camino a su reino, estando acompañada por su suegro el infante de Aragón y duque de Cervera y Montblanch, quien tiempo después ceñiría la corona real siendo conocido como Martin I, el Humano.
Según las fuentes, permanecieron en estos territorios unos dos días acompañados de muchos caballeros, pero se ignoran los festejos u obsequios que pudiesen recibir, para después poner rumbo a la isla de Menorca.
 

  • El Rey Don Juan I de Aragón y la Reina Violante (1395)

 

Juan I, rey de Aragón  Los retratos de los Reyes de España / por F. J. Sánchez Cantón; con la colaboración de José Pita Andrade; Prólogo del Duque de Alba. (Signatura PAS/4094).
Juan I, rey de Aragón

Los retratos de los Reyes de España / por F. J. Sánchez Cantón; con la colaboración de José Pita Andrade; Prólogo del Duque de Alba. (Signatura PAS/4094).

 

Hijo de Pedro IV el Ceremonioso, el rey D. Juan I arribó en Sóller en 1395, dirigiéndose después al Castillo de Bellver donde permaneció una semana, entrando solemnemente en la ciudad el día 28 de agosto, siendo ésta previamente anunciada. José Mª Quadrado, historiador célebre, nos dice: 


“Nunca había visto Mallorca, una tan brillante comitiva como la de la reina Violante y de su hija y de la infanta hermana del rey, y una muchedumbre tal de barones y damas y caballeros y doncellas y pages, que formaban la espléndida corte del amador de gentileza. Lucidas fueron y singulares las fiestas durante cuatro días contínuos, en que ostentaron sus danzas todos los gremios y clases, y al quinto día celebraron solemnes justas los jurados, vistiendo á treinta personas de tela de oro y terciopelo partido con paño azul de Florencia...”. 


Después de estos festejos, el monarca y su familia se retiraron al Castillo de Bellver durante varios meses más, siendo éste su emplazamiento de sus diversiones y entretenimientos. 
 

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  • Emperador Carlos V (1525 / 1541)

 

En la obra ya mencionada Viajes reales a la Isla de Mallorca: Notas tomadas a vuela pluma con motivo de la visita de S.M. el Rey D. Alfonso XIII (q.D.g.) a esta isla, de Pedro Sampol y Ripoll (1904), se nos informa igualmente de una de las visitas regias más importantes que han recibido estas islas: el Emperador Carlos V. 

Este primer viaje que acometió Carlos V al territorio balear quizás no fue un viaje de placer, pero hemos querido mencionarlo por su singularidad: en junio de 1525 la escuadra al mando del emperador fondea en Alcudia con el objetivo de castigar los delitos del pirata Barbarroja. Para ello, se hospedó en casa de Jerónimo Moragues, presbítero, partiendo enseguida hacia Túnez. 
 

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Años más tarde, Carlos V visitó las islas por segunda vez. Extraordinario testimonio de ello lo encontramos en Llibre de la benaventurada vinguda de’l Emperador y Rey don Carlos en la sua ciutat de Mallorques y del recebiment que li fonch fet. Juntament ab lo que mes sucehi fins dia que parti de aquella per la conquesta de Alger. Esta obra se considera un impreso raro. Fue redactada, en catalán, por el notario Juan Odón Gomis e impresa por primera vez en Palma en 1542 gracias a Fernando de Cansoles y Villaroel, natural de Amusco (Palencia), que residía en Mallorca desde 1540. Se evitó su pérdida gracias a que el Conde de Ayamans entregó un ejemplar a Álvaro Campaner y Fuertes para que se publicara en el Cronicon Mayoricense. Hoy en día, sólo se conocen dos ejemplares completos de esta obra. La Real Biblioteca posee un facsímil (Signatura: XVII/2503) de la mencionada obra, impreso en los talleres de Mossén Alcover de Palma de Mallorca (1972).

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En este facsímil se nos informa de la antelación con que los isleños conocieron la llegada del Emperador y la preparación de todo el avituallamiento y decoración dignas de tal circunstancia. Se ordenó que las villas se aprovisionaran de harina y carne, para proveer a la armada. Se construyeron un puente y varios arcos triunfales, acometiéndose también reformas en la ciudad para ofrecer una mejor imagen al emperador. Así, finalmente el 13 de octubre llegó Carlos V y pisó tierra. Tan entusiasmado se mostró con la acogida que, según las fuentes, comentó “que había hallado un pueblo no conocido y un Reyno escondido”, aunque se abstuvo de ciertos privilegios por respetar el duelo de su amada difunta esposa, Isabel de Portugal. Durante su estancia, tuvo ocasión de participar en varias celebraciones religiosas y también algunas audiencias sobre asuntos públicos para partir el día 18 hacia Argel. De todo ello también nos habla la obra moderna Un reino escondido: Mallorca, de Carlos V a Felipe II de Ernest Belenguer Cebrià (Signatura: Arm-19/486).   

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  • “REYES” DEL JAPÓN - EMBAJADA TENSHÔ (1582-1589)

 

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Volviendo al estudio realizado por Pedro Sampol y Ripoll, debemos mencionar que el territorio balear tuvo otra visita singular: la Embajada Tenshô (1582-1589) por la que una nave llegaba al puerto de Alcudia el 18 de febrero de 1585 conduciendo 


“á dos Reyes del Japón y otros Príncipes que iban á Roma, á prestar obediencia en nombre de toda la isla á la Santa Sede.  En atención á que pasaban á Italia con una nave del Rey de España […] se resolvió […] que se les obsequiara con un regalo cuyo valor no exediera de cien escudos, conviniendo también que pasaran á visitarles á la fidelísima Alcudia dos Jurados con dos ó cuatro caballeros.” 
 

 

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La investigación posterior ha comprobado que esta embajada, compuesta por Ito Mancio, Chijiwa Miguel, Nakaura Julian y Hara Martino, representaba los clanes cristianos de Omura, Otomo y Arima en Kyushu, y no eran reyes ni príncipes como se había pensado. Esta delegación tuvo una extraordinaria influencia religiosa y social, debido a que las noticias de esta delegación tan exótica se extendieron por todo el continente europeo, y tanto el arte japonés como el europeo se vio influenciado por el otro. Otro hito resultante de este viaje fue la introducción de la imprenta y su tecnología en Japón, aunque, debido al clima de hostilidades, especialmente frente a lo foráneo, este nuevo conocimiento no gozó de popularidad. Conocemos esta información consultando la obra resultante de la exposición celebrada en el Sendai City Museum, en 1995, con el título The world and Japan: Tensho and Keicho missions to Europe 16th-17th centuries, con textos en japonés e inglés (Signatura: 061.43/WOR). Para ampliar más información sobre las relaciones de España con Japón se puede consultar: Primitivas relaciones de España con el Japón (Signatura: Caj. Foll4-212(21)). 
 

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  • ISABEL II (1860)

 

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Sin duda, una de las visitas regias más recordadas en el territorio balear fue la de la reina Isabel II y su familia en 1860. Antonio Flores, cronista del viaje, junto a los detalles que nos amplía Pedro Sampol y Ripoll, nos permiten asomarnos a lo que aconteció. Arribando en la medianoche junto a D. Francisco de Asís y las infantas, se decidió desembarcar en la falúa Real al día siguiente (12 de septiembre de 1860) aunque, según comenta Antonio Flores, todos los congregados en los buques estaban impacientes por conocer a las gentes de las islas de las que decían que “…habíamos oído contar maravillas por la dulzura de su carácter, la pureza de sus costumbres y la lealtad de sus sentimientos.”


Según desembarcaron se inició la comitiva regia por la Palma, tachonada de arcos efímeros, cruzando la plaza del Borne, la del Mercado y la Rambla, engalanadas con paños de terciopelo y seda, para continuar por la calle Olmos y la Platería hasta ser recibidos por el clero de la Catedral para asistir a misa mayor. Tuvo la reina también ocasión de visitar varios conventos de religiosas, algunos establecimientos de beneficencia e hizo parada en la casa de Expósitos y la Lonja. Además de poner la primera piedra del monumento que recordaría su visita, pudo disfrutar de la función, en el Teatro Principal, de La Campana de la Almudayna
 

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A todos estos festejos le acompañaron ofrendas presentadas por campesinos, un concierto en la bahía con serenata y fuegos artificiales, la visita a Sóller o las excursiones a Raixa, Alfabia y las Cuevas de Artá. Antes de dirigirse hacia Cataluña, pudo hacer una breve visita a la isla de Menorca, dirigiéndose primero a Ciudadela, cuyos habitantes habían marchado a Mahón pensando que desembarcarían directamente allí. Así, se dio la graciosa situación de que la comitiva regia se encontró con apenas un puñado de los lugareños y autoridades que no habían podido desplazarse, sin ningún tipo de preparación u ornato, pero con mucha alegría por la sorpresiva visita sobrevenida. Por tierra, alcanzaron Mahón donde se continuaron los festejos.

 

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  • ALFONSO XII (1877)

 

Encuadernado en magnífica piel de Rusia con cabezadas doradas, la obra Recuerdo del viaje de D. Alfonso XIII á la isla de Mallorca: Colección de lo publicado en el periódico La Almudaina con motivo de dicha visita, de 1904, nos habla, no sólo de la visita de S. M. Alfonso XIII, sino que también, a modo de preámbulo, presenta las visitas de S.S. M.M. Isabel II y Alfonso XII. Conozcamos algo más de esta visita regia.

Parece ser que la visita de Alfonso XII fue “menos aparatosa, menos preparada y anunciada” que la de Isabel II, su madre. El 2 de marzo se publicó el programa de los festejos, tomando como modelo las estancias de Carlos V e Isabel II, saliendo el rey de Rosas para Menorca y de ahí a Palma. La escuadra real fue avistada desde Portopí, siendo bienvenida por el vapor de guerra Alerta y siguiéndose una serie de salvas a modo de saludo. Tras pisar tierra, el soberano fue conducido por los arcos triunfales en calles llenas de edificios engalanados que marcaban el cortejo a Santo Domingo para la adoración del Lignum Crucis, siendo recibido por el Obispo y adentrándose en la Catedral (bajo palio). Después del Te Deum y la visita a las reliquias custodiadas en el templo, se llevó a cabo una recepción oficial en el Palacio de la Almudaina a mediodía. 

 

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Esa misma tarde visitó el Castillo de Bellver para asistir por la noche a dos funciones: del Circo Ecuestre y del Teatro Principal. Al día siguiente, además de la visita al cuartel del Carmen y el convento de Santa Magdalena, volvió a la Catedral para visitar la sepultura de Jaime II de Mallorca continuando con una excursión en tren regio por Inca y Binisalem. Por la tarde asistió al banquete en palacio con acompañantes y autoridades locales.


Todas las gentes de las islas intentaron acercarse al monarca y mostrarle sus oficios y destrezas, participando de ello los periódicos, cargados de odas y liras, estando también acompañados de composiciones poéticas como podemos disfrutar en el ejemplar en terciopelo violeta de la Real Biblioteca titulado Al Rey Alfonso XII de España en su visita á la isla de Menorca, 1877, (Signatura: I-I-103). Incluso la localidad de Portinaix, en Ibiza, renombró el lugar como Portinaix del Rey y preparó una documentación especial para ello (SIGN: II/4606(25)).
 

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  • ISABEL AMALIA EUGENIA, EMPERATRIZ DE AUSTRIA (“SISSI”) (1892 / 1893) 

 

La emperatriz de Austria, Isabel Amalia Eugenia, también conocida como Sissi, se paseó por Mallorca en dos ocasiones. (SIG: INF. 5250). Ambas visitas fueron de incógnito, por lo que no se le rindieron los honores que hubiera correspondido, pero la emperatriz aprovechó, en su primera ocasión en la isla, para acudir a la catedral, donde oró ante el altar mayor y adoró las reliquias allí custodiadas. En el carruaje del Marqués de la Romana visitó rápidamente otros edificios hasta llegar al Castillo de Bellver, para después volver a su buque y partir hacia Triestre. 


El 18 de diciembre de 1892 arribó en Palma una segunda vez en el yate imperial austriaco Miramar para en los días posteriores visitar Sóller y Alfábia. En la fonda de Pastor pudo disfrutar de un buen chocolate y, frente a El Port, acompañó un baile “al estilo del país” para salir de madrugada y visitar las Cuevas de Artá. Como recuerdo de aquellos días, en el Oratorio de la finca Miramar se conserva una virgen de alabastro con una inscripción como recordatorio de la visita regia. 
 

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  • ALFONSO XIII (1904)

 

El último monarca que mencionaremos será Alfonso XIII. La Real Biblioteca cuenta con un ejemplar que compila los artículos que el periódico La Almudaina publicó sobre la visita regia en 1904, obsequiado y firmado por los editores de este para S. M. Esta información se pudo detallar gracias a la Real Sociedad Colombófila, con su servicio de palomas mensajeras.

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En el mencionado ejemplar se muestra en el primer tercio de sus páginas un relato conciso de las visitas regias al territorio balear desde Carlos V. Después, La Almudaina inicia su crónica del viaje en toda su extensión. 


Según se calcula, más de 5.000 personas acudieron por tren, y sumándose a todas las diligencias, carruajes, etc se estima que sólo de la isla se contaban en 25.000 a 30.000. Además, diferentes barcos acercaron a moradores de Mahón y Barcelona para la ocasión. El yate real tuvo a bien pasar entre las islas Conejera y Cabrera, para después fondear en Palma y desembarcar en el Real Club de Regatas desde la Falúa Real. El monarca contó con la compañía de D. Antonio Maura, presidente del consejo de ministros, quien, por ser mallorquín, pudo ejercer de guía. 


Una novedad de la visita, dado el avance de los tiempos, fue el uso masivo de la electricidad como adorno, acompañando a los terciopelos, damascos, arcos, flores y trofeos militares. 
 

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Después del acostumbrado Te Deum, la visita a las reliquias y a la Casa de Beneficencia, se llevaron a cabo numerosas y diversas actividades, como la visita a la Capitanía General, el Palacio de la Almudaina y el Castillo de Bellver con sus respectivas recepciones o la visita regia a establecimientos empresariales, como la fábrica de alfombras de Juan Vidal. No faltó tampoco una excursión a las bellas cuevas de Artá, el recorrido por Alcudia, la parada en Pollensa, para finalmente arribar en la isla de Ibiza. 

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Vemos cómo el territorio balear ha resultado ser un enclave especial para diferentes soberanos hasta el día de hoy gracias a éstos y otros ejemplares presentes en la Real Biblioteca del Palacio Real de Madrid.

María Isabel de Borbón y Parma, la princesa que sabía escribir

Iniciamos con esta entrada en el Blog dedicada a la figura de Maria Isabel de Borbón y Parma, una sección sobre las mujeres y sus libros ya sea como escritoras, impresoras, grabadoras o poseedoras de grandes bibliotecas.

Si los retratos de María Isabel de Borbón-Parma que se nos han conservado presentan a una joven agraciada y bella, rasgos físicos que sus contemporáneos coinciden en destacar, Joaquín Moles ligó a su belleza física cualidades más espirituales por las que la retratada ha pasado a la historia, concretamente su entrega a la lectura y la escritura al señalar que “Si como las imágenes de los cuerpos se pintan en los lienzos, las de las almas se delinean en los libros…”. Salvador Maella (1739-1819) reforzó la esencia de esta frase al retratarla con una pluma en su mano. Ese instrumento de escritura junto con los atributos reales, resumen a la perfección la condición por la que nos detenemos en su figura, la de princesa escritora. 

Pero ¿quién era realmente Marἰa Isabel de Borbón-Parma (31 diciembre 1741-27 noviembre 1763) y cuál es su legado? Nuestra escritora era hija de Felipe I de Parma (1720-1765) y María Isabel, princesa de Francia, y nieta de los reyes Felipe V e Isabel de Farnesio por su padre y de Luis XV y Marie Leszczyńska por su madre. Fue infanta de España, princesa de Parma y archiduquesa de Austria por su matrimonio con el ilustrado y culto José II de Austria (1765-1790), hijo de la emperatriz María Teresa de Austria. 
Nació en el Palacio del Buen Retiro de Madrid donde se crio hasta los siete años. Se trasladó a Parma cuando sus padres fueron nombrados duques de aquellos Estados en 1748. De camino a Parma residió durante casi un año en Versalles donde se despertó su gusto por la música y el teatro y perfeccionó su francés, lengua que continuó estudiando en Parma de la mano de su preceptor, el autor teatral Pierre Cérou (1709-1797), quien la formará además en historia y literatura. Aunque su educación estaba centrada en la religión, el dibujo, la pintura y la música, de manera extraoficial, fue instruida también por los preceptores de su hermano Fernando (1751-1802), el científico y militar Auguste Keralio (1715-1805) y el filósofo francés, amigo de Rousseau, Étienne Bonnot de Condillac (1714-1780), lo que explicaría su formación filosófica y sus conocimientos científicos, militares y tácticos y que Giuseppe Baldrighi la retratara con 16 años con un mapa en las manos.
A esto se añadía una capacidad de reflexión y agudeza crítica poco habituales, un gusto por la lectura y facilidad para expresarse tanto de palabra como por escrito en español, francés, italiano y alemán, por lo que fue considerada como una joven inteligente, con ingenio, criterio independiente e ideas ilustradas. 

En 1758 a la edad de 17 años fue prometida a José, archiduque de Austria y futuro emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Dos años después, el 7 de septiembre de 1760, tuvo lugar el casamiento por poderes en la catedral de Parma. La ceremonia oficial de la boda se celebró el 6 de octubre del mismo año en Viena.

Los fastos, ceremonias y festejos con los que Parma celebró el casamiento por poderes de los jóvenes fueron recogidos en una Relación de las ceremonias solemnes y fiestas celebradas en Parma con motivo de los esponsales. El 3 de septiembre de 1760 se representó en el Teatro Real de Parma una ópera en tres actos, Le feste d’Imeneo, del compositor Tommaso Traetta (1727-1779) sobre un libreto del poeta y libretista Carlo Innocenzo Frugoni (1692-1768). Un ejemplar del libreto, dedicado a ella e impreso en Parma en la Reale Stamperia Monti el mismo año de 1760, fue encuadernado en tafilete rojo y enviado a los Reyes de España en recuerdo de uno de los principales acontecimientos del momento que ponía broche a la política matrimonial entre dos de las principales casas reinantes. Actualmente se conserva en la Real Biblioteca de Madrid (VIII/15695).

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Cartas y ensayos inéditos

Antes de llegar a Viena, la futura esposa estableció una intensa relación epistolar con su futura cuñada, María Cristina de Austria (1742-1798), que tenía su misma edad. La correspondencia continuó incluso cuando estaban ya juntas en Viena, por lo que constituye una extraordinaria fuente de información sobre su pensamiento y su vida en la corte. Estas cartas de carácter privado y personal, escritas en un tono muy íntimo, refieren una relación estrecha e intensa entre ambas princesas, hasta el punto de ser interpretada como amorosa (Badinter, Elisabeth, 2008).
Además del género epistolar que, con carácter privado, cultivó desde joven, la princesa María Isabel plasmó por escrito, en forma de tratados o breves ensayos, sus reflexiones sobre distintos temas, como la educación, la filosofía, la religión y la moral, la espiritualidad, los hombres, el arte militar, el de escribir cartas e incluso una autobiografía. Estas obras, escritas en francés, permanecen inéditas y se conservan en los Archivos nacionales de Austria y Hungría. 

Meditaciones cristianas 

La única obra que se publicó tras la muerte de María Isabel son sus Meditaciones cristianas, unas reflexiones sobre la vida y la muerte escritas inicialmente, como el resto de sus obras, para su uso personal pero que, en este caso, tuvieron la fortuna de ser dadas tras su muerte a la imprenta en Viena en 1764 a instancias de su suegra, la emperatriz María Teresa. Las meditaciones, comparadas por algunos de sus contemporáneos con los Soliloquios de San Agustín o las obras de Santa Teresa, tuvieron un éxito inmediato, de forma que fueron traducidas a varias lenguas y publicadas hasta en ocho ocasiones en diez años. Los ejemplares conservados en la Real Biblioteca nos permiten conocer más de cerca esta obra y su historia editorial.

La obra fue impresa por Jean-Thomas Trattner (1717-1798), activo en Viena y miembro de una de las familias de editores y comerciantes del libro más importantes de la época (Oravetz, Vera, 1930). Se trata de un pequeño volumen en octavo, de 131 páginas enmarcadas en un doble filete negro, decoradas con cabeceras, remates e iniciales grabadas. La sencilla portada solo ofrece el título de la obra, sin la mención de la autora. 
En la Real Biblioteca se conservan dos ejemplares idénticos, encuadernados en tafilete azul decorado con un fino filete perlado azul oscuro y flores en las esquinas, con las signaturas X/660 y VIII/899. Debieron ingresar en época de Carlos III como reflejan las etiquetas de la biblioteca del Rey visibles todavía bajo el exlibris real de la época de Fernando VII.


Para que la obra pudiera ser de uso común en la corte de Parma, su hermana María Luisa, entonces princesa de Parma (1751-1819), la hizo imprimir en italiano ese mismo año de 1764. Esta edición vio la luz en Parma “nella Regio Ducal Stamperia Monti” y presenta características formales similares a la primera. En la portada hay un ligero cambio en el título, pues figura ya el nombre de la autora y el nombre de la princesa Maria Luisa de Parma, a quien se dedica la edición. Incluye además una dedicatoria del traductor, cuyo nombre permanece oculto, con una breve semblanza de la autora.

El pequeño volumen se volvió a editar en 1765, también en Parma, esta vez sin la dedicatoria a su hermana que había abandonado Parma para contraer matrimonio en España con el príncipe y heredero al trono, Carlos de Borbón. La portada mantiene el título de la primera edición italiana y el nombre de la autora.

La primera edición en castellano tuvo que esperar dos años a su publicación en 1767. La traducción, realizada a partir del francés, corrió a cargo del presbítero Joaquín Moles, un teólogo de la Nunciatura con una amplia carrera como traductor de obras del francés y el italiano al castellano y también como autor de obras de carácter didáctico moral, predicación, etc. (Aguilar Piñal, Francisco, t. V, n. 5103-5128).

La Real Biblioteca tiene la fortuna de conservar el autógrafo de la traducción de las Meditations chrétiennes de Joaquín Moles. Resulta ser el ejemplar de presentación que envió a Manuel Quintano Bonifaz, arzobispo de Farsalia e inquisidor general, para que se la hiciera llegar a María Luisa de Parma, entonces princesa de Asturias, con la idea de que favoreciera su difusión en España de la misma manera que lo había hecho en Italia. Este manuscrito de presentación está encuadernado en tafilete rojo decorado con hierros dorados que enmarcan el escudo grande de Carlos III a modo de super libros real (manuscrito II/3553).  

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La princesa de Asturias recibió la traducción de manos del arzobispo y la mandó publicar a sus expensas en Madrid. La edición Incluye dos retratos de Salvador Maella (1739-1819), uno de María Luisa de Parma, grabado por Pascual Moles (1741-1797) y el otro de María Isabel de Parma con la pluma en la mano, grabado por Joaquín Ballester (1740-1800). Ambos se reproducen de nuevo en la segunda edición que se hizo de la obra en castellano. Esta segunda edición incorpora además un frontispicio calcográfico que representa el escudo imperial con el águila bifronte de los Austrias y el león de España de los Borbones que sujeta una filacteria en la que se lee: “Obra póstuma de S.A.R. la serenísima señora doña Isabel de Borbón”, a los lados las columnas de Hércules, las bolas del mundo sobre las que se han dibujado los símbolos las casas reinantes de España, Francia y Alemania y el lema en latín que alude al éxito de los Austrias en sus matrimonios “ Tu foelix Austria nube”. Un ejemplar de esta rara edición se conserva en la Real Biblioteca encuadernado en pasta moteada y cortes que imitan las hojas de guarda en aguas, con la etiqueta de la biblioteca de Carlos III bajo el exlibris de Fernando VII (IX/5910).

Con posterioridad a esta segunda edición la obra se volvió a publicar al menos tres veces más en nuestro idioma (1773, 1777, 1794), otra en francés (1776) y otra en italiano (1789).

Su prematura muerte a causa de una viruela en 1763, poco después del parto y temprano fallecimiento de su segunda hija María Cristina, impidió que fuera coronada emperatriz de Alemania en 1765 junto a su esposo José II, bajo cuyo gobierno el imperio vivió uno de los periodos más florecientes y reformistas. Aunque se volvió a casar el 23 de enero de 1765 con su prima Josefa de Baviera, se cuenta que hubiera preferido hacerlo con su hermana María Luisa de Parma por el parecido físico que guardaba con su hermana.

La proclamación de Carlos III de España y de las Indias

Causas y motivos

Expectantes por la próxima coronación del Rey Carlos III del Reino Unido y Cabeza de la Commonwealth (Mancomunidad de Naciones) el próximo día 6 de mayo en la Abadía de Westminster, Londres, la Real Bilioteca ha querido recordar los actos y festejos que acompañaron al rey Carlos III de España en su proclamación y exaltación al trono en julio de 1760, meses después de su primera entrada en la Villa de Madrid. Para ello, nos hemos servido de una pequeña selección de ejemplares de nuestros fondos que nos ofrecen variedad de visiones sobre lo acontecido en la semana del 13 de julio de 1760; semana de grandes festejos en Madrid, secundada por aquellos llevados a cabo por ciudades grandes y pequeñas de todo el territorio nacional. 

Unas pinceladas sobre nuestro rey Carlos III

El rey Carlos III, rey de Nápoles y Sicilia (1734-1759), y rey de España (1759-1788), de la Casa de Borbón, es conocido por ser uno de los monarcas más influyentes y relevantes de la historia de España. Tras la muerte de su hermanastro el rey Fernando VI, ascendió al trono español en 1759: partiendo de Nápoles, desembarcó en la ciudad de Barcelona e hizo su entrada en Madrid el 9 de diciembre de 1759. 
Es conocido por sus numerosas reformas, sus políticas ilustradas y su deseo de mejorar las condiciones de vida de sus ciudadanos. Durante su reinado se reformó el sistema educativo, intentando extender la educación a todos los grupos sociales, se propuso la reforma de los estudios universitarios y también se apoyó el desarrollo económico.
En una obra fundamental de nuestra colección, La obra del obispo Martínez Compañón sobre Trujillo del Perú en el siglo XVIII, encontramos un retrato manuscrito en plumilla y acuarela del rey Carlos III que mostramos a continuación. Procede de la biblioteca de su hijo Carlos IV, rey de España, en la que ingresó a finales de 1803 tras ser enviada del Perú.
 

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Carlos III, Rey de España en la Obra del Obispo Martínez Compañón sobre Trujillo del Perú en el siglo XVIII. RB II/343

Cortejos, adornos, vivas y festejos en una Villa de Madrid adornada para la ocasión

Se esperaba con gran deseo la proclamación de Carlos III como monarca y para ello se diseñó todo un despliegue de adornos, ceremonias y festejos en la Villa de Madrid para honrar dicha ocasión. Mencionaremos sucintamente algunos documentos para tener una visión global de los hitos más remarcables.

Ánimos en la Villa de Madrid

Gracias al relato de algunos de los vecinos de la Villa de Madrid podemos conocer con qué ánimo se esperaba la celebración de la proclamación de Carlos III. Según Francisco Mariano Nipho, periodista destacado de la época y fundador de varios títulos de prensa, tenemos un relato vívido del ambiente que se respiraba, en un pequeño impreso conservado en la Real Biblioteca, titulado Regocijos publicos de la imperial, y coronada Villa de Madrid en la plausible Real Entrada en ella de su Catholico Monarca DON CARLOS III (que Dios prospere)


“…Madrid, abrasado en amorosos incendios, procura enardecernos à todos, y con el benigno fuego, que le comunica la intensa amable llama de nuestro Soberano, levanta políticas reverentes Aras en su culto: diciendo con el castizo lenguage del obsequio, y con las bien formadas frases de los presentes pùblicos, exquisitos, y bien abultados adornos, que yà es hora de poner en festivo, leal, y agradable movimiento à la siempre constante fidelidad Española…”

 

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RB III/6533 (18)

Ornato previsto

Para conocer con mayor profundidad los adornos y arquitectura que se diseñó y preparó para el acontecimiento, no podemos dejar de consultar la Relación de los Arcos, Inscripciones, y Ornatos de la Carrera, por donde ha de passar el Rey nuestro Señor D. CARLOS TERCERO en su Entrada Publica, impresa por Joaquín Ibarra, impresor de extraordinario renombre y gran innovador en las artes gráficas, en cuyo taller de Madrid trabajaron los mejores grabadores y pintores de su época. En dicho ejemplar se nos explica que:

 
“ha parecido preciso dàr una idèa […] à fin que el Publico pueda hacerse cargo de los Arcos, Inscripciones, Relieves, y Adornos, que se han levantado en la Carrera, desde el Real Sitio, y Palacio del Buen-Retiro al de los Consejos, è Iglesia de Santa Maria, y su vuelta”.   

 

 

 

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A través de este detallado documento, el público de Madrid pudo conocer los adornos que se prepararon en trece lugares reseñables de la capital: puertas, arcos y fuentes se embellecieron a conciencia con inscripciones en español y latín, además de estatuas, columnas, pilastras y medallones que recogían los hechos notables del rey. De los mencionados arreglos se nos informa de los responsables principales de todo el proyecto, entre ellos Ventura Rodríguez, Felipe de Castro o Pedro Rodríguez Campomanes:

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Responsables del proyecto

 

Así mismo, este pequeño impreso se ha convertido en un documento excepcional que nos habla de la distribución territorial de entonces con 17 provincias principales y otras tantas en Asia, América y África, lo que da una idea de la magnificencia del reino de España en aquella época. Todas ellas estuvieron representadas en esta gran ocasión como vemos en estos extractos:

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Narración de los festejos por la Gaceta de Madrid

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La Gaceta de Madrid (del 22. de Julio de 1760) nos emplaza en los comienzos de los festejos el domingo 13 de julio por la tarde, cuando tuvo lugar el gran Cortejo de Entrada, atravesando: 

“suntuosos Arcos triumphales, adorno de Fuentes, y esmerados inventos del Arte, y la magnificencia”

 

El cortejo dio comienzo a las seis desde el Real Palacio del Buen Retiro transitando hasta la Carrera de San Jerónimo. Conservamos en la Real Biblioteca un documento gráfico de interés verdaderamente excepcional: Libro en que se hallan dibujados los Uniformes bordados de los señores Caballerizo Mayor y veedor, los galones y quarto de vestido de los Uniformes y Peti-Uniformes que segun las clases de los Dependientes de la Real Caballeriza de S. M. se hicieron de orden del rey nuestro Señor el S. D. Carlos III con motivo de su entrada en publico que hizo con la Reyna nuestra señora su esposa D. Maria Amalia de Saxonia en Madrid, el dia XIII de julio del año de MDCCLX siendo caballerizo Mayor el Exmo. Sror. don Luis de la Cerda duque de Medinaceli y el S.D. Juan Francisco de Garaicoechea del Consejo de S.M. su secretario, veedor General de su Real Caballeriza y Agregados (RB GRAB/91). Se trata de una obra compuesta por grabados manuscritos en acuarela, plumilla y tinta dorada de los uniformes que vistieron caballerizos, lacayos y pajes para la ocasión. Entre ellos, destacamos los siguientes:
 

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La Gaceta también menciona la visita al Santuario de la Imagen de N.S. de la Almudena para concluir el cortejo de entrada.

El segundo día continuó con una representación teatral de una nueva comedia: El Triumpho de Alcides, compuesta por Francisco Scoti Fernández de Córdova, adornada de sainetes y seguida de fuegos artificiales.

La tercera jornada, siempre según menciona Francisco Mariano, tuvo lugar en la Plaza Mayor, durante toda la jornada del martes, “el espectáculo favorecido en España, que son los Toros”, asistiendo más de 24.000 personas, presididos por S.S.M.M. desde la Real Casa de la Panadería.

Durante estas jornadas Madrid se llenó de “luminarias generales […] y repiques de Campanas” y varias noches de “un dia artificial de resplandores, [que] ofuscan la brillante inquietud de las Estrellas”; varias jornadas de fuegos de artificio para regocijo de los presentes.

El juramento

El acto de mayor relevancia, el Juramento del Rey y del Príncipe de Asturias, junto con el juramento y homenaje de todos los presentes se encuentra en detalle en la propia publicación de la Gaceta de Madrid para su consulta:
 

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Oración de la Real Academia de la Historia para la ocasión

Continuamos este breve recorrido bibliográfico de festejos con otro pequeño impreso, la Oración de la Real Academia de la Historia al rey N. S. Don Carlos III con motivo de su exaltación al trono, (RB I/G/351), con una soberbia encuadernación en tafilete verde con orla floral enmarcando super libros de Carlos III. 

Incluimos aquí el extracto final:


“…recobrarán las Ciencias el explendor con que nuestros mayores en Constancia, en Basilea y en Trento supieron apoyar el Dogma y mejorar la Disciplina. Las Artes y el Comercio llegarán entre nosotros al alto grado de perfeccion á que V.M. sabe promoverlas. Conservarán las Armas aquel pundonoroso teson que V.M. y sus inclitos Predecesores las han inspirado tantas veces, y con el qual, firmes é intrepidas contra exercitos mas numerosos, han obligado á la victoria á seguir los pasos de nuestras legiones. Se perpetuará en las Armadas navales aquel generoso esfuerzo con que disputaron y consiguieron en Lepanto el dominio de la mar, y los triunfos que en nuestros dias han conciliado la veneracion de Europa, y el terror de los barbaros á los ilustres Guerreros que han escoltado á V.M. en su restitucion al Reyno. La felicidad y la gloria de la Nacion, el respeto de los aliados y el temor de los enemigos, seran la epoca del memorable Reynado que anuncia á V.M. la Academia. 

Estos, SEÑOR, son los auspicios con que recibe España á V.M.
Estos seran los perpetuos empleos del Rey y de sus vasallos, y esta la Historia fiel, sencilla y sin adornos en que la Academia, con la proteccion de V.M. presentará á los mas remotos siglos mejorado el valor de Cesar, excedida la prudencia de Augusto, sobrepujada la humanidad de Tito, y repetida la religion de Fernando.”
 

 

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Súbditos informados

Por su parte el Diario Noticioso Universal, en su nº 157 (Julio. Lunes à 14. de 1760) ofrece al lector interesado información variada sobre los acontecimientos:

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Diario Noticioso Universal: RB XIII/277

Loa al Rey

Concluimos con una octava (XIVª) de la mano de Joseph Vallés en su obra Nombre, y Hombre a qual mejor Lema Symbolico, que toma para felicitar a la lealtad española, con el plausible motivo de exaltarse la Magestad Catholica del Rey nuestro Señor D. Carlos Tercero (que Dios guarde) al excelso trono de esta monarquia, en cuya regia festiva proclamación le ofrece al publico (RB III/6532 (26)):

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RB III/6532(26)