Los espacios de la Real Biblioteca a lo largo de su existencia

Inicios

Desde su fundación por Felipe V [1700-1746] la biblioteca particular de los Reyes, conocida como Real Biblioteca, ha ocupado distintas dependencias del Palacio Real, siempre junto a la cámara o habitaciones privadas de los monarcas.

Tras la construcción del nuevo palacio por el incendio del alcázar, el primer monarca que lo habitó fue Carlos III [nochebuena de 1765] y su biblioteca, que según sus inventarios ocupaba una sala (II/2948), debía estar ubicada en una de sus habitaciones, espacio que permanece sin determinar. Se nos ha conservado un armario de su época (actual sala X).

Las primeras noticias sobre su ubicación en el palacio llegan con Carlos IV [1788-1808] que la instala en la planta principal del ala sureste del palacio, en el llamado “aumento de San Gil”. Debía ocupar entre 10 y 12 salas que se extenderían entre las habitaciones del rey y de la reina. En ese espacio de bóvedas decoradas (y armarios a medida, que en la actualidad están en la sala de investigadores, la biblioteca alcanzará su máximo esplendor. El salón amarillo, cuyo techo fue probablemente realizado por los hermanos Brilli hacia 1780 para el príncipe Carlos (IV), conectaba esta ala con el cuerpo principal del palacio.

Con Fernando VII [1808-1833] la biblioteca, ubicada en el mismo espacio, llegó a ocupar entre 14 y 15 salas según sus inventarios (II/2617), que recogen obras de las salas I a XV.

Cambio de ubicación

Este traslado supuso una degradación de la colección bibliográfica, de los muebles y demás piezas que la componían, por la precipitación con la que se hizo. Los libros no pudieron colocarse inmediatamente y permanecieron fuera de las estanterías, hacinados en el suelo, durante mucho tiempo, lo que deterioró notablemente la colección.

Con este traslado se perdió también bastante espacio, ya que se pasó de una biblioteca de 14 salas a una menor, de 9, numeradas en romanos, de la I a la IX, con diferente tamaño y distribución. A estas nueve salas habría que sumar una pieza de entrada o portería (la actual sala X), un pequeño cuarto, contiguo a la escalera situada junto a la sala IX, y dos piezas o espacios más en el Pasillo de la derecha y de la izquierda.

Los libros permanecieron sin colocar por lo menos un año entero, tiempo que se necesitó para el arreglo y reforma de los armarios a los nuevos espacios. Hubo que salvar la estructura de algunas salas y cerrar vanos con trampantojos que simulan puertas de armarios y generan aspecto de uniformidad en la sala por el perfecto orden en el que los libros simulan estar colocados en los estantes. Estos trampantojos son todavía hoy visibles en la Real Biblioteca.

Conocemos las estancias, mobiliario y adornos de la biblioteca en su nueva ubicación gracias a un inventario de bienes muebles realizado en 1851 [II/4039 (14)] en el que se detallan el número de estantes y plúteos de cada sala, el tipo de madera, cristales y rejillas de sus puertas, cerraduras, etc. También aparecen recogidas las cajas, muebles, planos, cuadros y piezas escultóricas que las adornaban y que fueron colocados durante la dirección de Salvador Calvet. La mayoría de estos adornos, que han ido cambiando de ubicación, permanecen en la biblioteca. El mobiliario se ha mantenido en las salas con ligeros cambios.

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Salas I a VI – orientación norte, con ventanas hacia los jardines de Sabatini

  • La sala I tendría un armario con 12 estantes corridos de dos cuerpos de caoba. Los armarios tienen las letras A-L, con 8 plúteos cada uno. Mesa de caoba con portezuelas y cristales.
  • La sala II con 15 estantes corridos de caoba, identificados con las letras A-N y 11 plúteos y algunos de 12. Era la sala donde se guardaban los manuscritos y hasta hace poco había cortinillas de tela para protegerlos de la acción de la luz.
  • La sala III tenía un armario de 16 estantes corridos de caoba identificados con las Letras A-0 y 13 plúteos cada uno. Había una mesa de caoba de juego.
  • La sala IV tenía un armario de caoba compuesto de 13 estantes corridos identificados con las letras A-LL, y 7 plúteos cada uno.
  • En la sala V había un armario de caoba con 12 estantes corridos identificados con las letras A-L de 7 y 8 plúteos.
  • En la sala VI había un armario de 15 estantes corridos de caoba, identificados con las letras A-N, de 7 y 8 plúteos. En esta sala había 55 planos y mapas forrados en lienzo muy antiguos arrollados en medias cañas, grandes y medianos y 22 rollos de mapas, planos y vistas de diferentes tamaños, forrados algunos de ellos en lienzo, igualmente antiguos.

Sala VII – forma la esquina del edificio.

  • En la sala VII, había 13 estantes corridos de caoba, identificados con las letras A-Ll, de 7 y 8 plúteos.

Salas VIII-IX – ventanas hacia Jardines del Moro

  • En la sala VIII, la más grande de todas las estancias, había 23 estantes de caoba compañeros de los de la sala II y III, de los cuales 19 eran dobles y el resto sencillos. Estos estantes estaban identificados con las letras A-X. Había una mesa grande de caoba con portezuelas de cristales en sus costados, así como ficheros para las papeletas de los impresos y manuscritos de la biblioteca. Era la antigua sala de lectura de la biblioteca.
  • La sala IX estaba formada por 16 estantes de caoba iguales a los de la pieza 4, identificados con las letras A-O. De 4, 6 y 7 plúteos. Era, y sigue siendo actualmente, el despacho del bibliotecario mayor.
  • Junto a la sala IX había un cuarto contiguo a la escalera con un armario de pino pintado con cerradura y llave con 5 huecos.
  • En el pasillo de la izquierda había 8 estantes corridos de caoba, de 5 y 6 plúteos.
  • Por su parte, en el pasillo de la derecha había 13 estantes corridos de maderas finas, de 6 y 7 plúteos.
  • En la pieza de entrada o portería (sala X) había un armario con 7 estantes de caoba, 9 plúteos y 3 estantes corridos de maderas finas, de 7 plúteos.

Estas salas históricas de la planta baja de la biblioteca aparecerán por primera vez identificadas con esta numeración en el plano incluido en la historia de la biblioteca que redactó el conde de las Navas, bibliotecario de Alfonso XIII, desde 1893 a 1931. En él aparecen numeradas e identificadas las salas I a IX, la sala X (Portería), las salas XI y XII (Pasillos), el tocador del bibliotecario mayor, el retrete y el guardarropa (Plano 1).

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Nuevos espacios (segunda mitad del siglo XIX)

Durante los años siguientes la preocupación principal de los bibliotecarios fue la asignación de nuevos espacios para la biblioteca. De esta manera, se pasará progresivamente de 9 salas a 13, sin contar con pasillos y portería. Entre 1847 y 1851 se incorporarán las tres salas del entresuelo, es decir, la planta intermedia que existe entre la planta baja y la planta principal del palacio. A la primera pieza se le llamará sala del Monetario, tendrá 3 estantes corridos y 7 plúteos; la segunda sala tendrá un estante de escalerilla con tres órdenes de entrepaños y 15 huecos para las Vistas de Madrid y los Reales Sitios. La tercera pieza, con 1 estante de escalerilla de pino, con tres órdenes de entrepaños y 51 huecos para las litografías del Museo del Prado. Estas piezas se corresponden actualmente con las salas XIX, XX y XXI.

En 1858 se incorporan 2 salas más en el segundo tramo de la escalera del entresuelo, las que actualmente se conocen como salas XVII, XVIII y XIX.

En 1872 hubo un proyecto, que no se materializó, para incorporar algunas piezas del Cuarto militar, con espacios adyacentes a la Biblioteca. La idea era transformar la cripta, espacio entre la Biblioteca y al Cuarto militar, en sala de lectura (Plano 2).

Entre 1910 y 1938 se incorporan en la planta baja las salas XIII, XIV y XV, que aparecen numeradas e identificadas respectivamente como “sala de prensa”, sala de revistas” y “sala de duplicados y depósitos”. 

Últimos espacios incorporados (segunda mitad del siglo XX)

Las últimas incorporaciones se producen en la segunda mitad del siglo XX. Primero la sala XVI, conocida como “sala Infanta” por albergar la colección de libros de la infanta María Isabel Francisca de Asís. Después se suman varias estancias ubicadas en el ala oeste de la biblioteca, antiguas alcoba de Isabel II y salón del Consejo, con salida a la escalera llamada “de incógnita”. Estas piezas se incorporarán como salas de música y monetarios en la segunda mitad del siglo XX. Se transformarán en las actuales salas de recepción, presidida por el Guión de Juan Carlos I, de procesos técnicos y de investigadores en 1993.

Mobiliario

Se desconoce la fecha de los armarios y demás mobiliario de la biblioteca. Es probable que los armarios de caoba de las salas I-IX procedan de la librería de Carlos IV y se arreglaran tras el traslado de la colección del ala sur al ala norte. Son armarios que hubo que adaptar con falsas puertas con trampantojos para salvar espacios irregulares.

Otros armarios destacables son:

  • el armario de la sala X o portería probablemente de época de Carlos III.
  • los armarios de la sala actual de investigadores de época de Carlos IV.
  • se conserva un armario de época de Felipe V en la antesala a la sala de catalogación e investigadores.
  • Los burós, mesas, monetario y demás piezas son también del XIX.
  • Además, a partir de 1858 se dispondrá de una escalera para acceder a los estantes del segundo orden.
  • Los armarios blancos del Pasillo son posteriores y fueron elaborados en los años cincuenta del siglo XX.

Para calentar las estancias había braseros que se cubrían con campanas de hierro, azófar o barro para evitar incendios.

Los suelos de la biblioteca, actualmente de parqué, eran de pavimento cerámico. Este es todavía visible en algunos espacios de la biblioteca, sobre todo en los llamados “chiscones”, habitaciones muy pequeñas tras las falsas puertas con trampantojos. Los suelos se esteraban y se desesteraban con el cambio de estación. 

Los diferentes bibliotecarios mayores que dirigieron la biblioteca durante estos años contribuyeron lenta pero progresivamente a la mejora y aprovechamiento de sus espacios, tarea en la que hoy en día se sigue trabajando.