María Isabel de Borbón y Parma, la princesa que sabía escribir

Iniciamos con esta entrada en el Blog dedicada a la figura de Maria Isabel de Borbón y Parma, una sección sobre las mujeres y sus libros ya sea como escritoras, impresoras, grabadoras o poseedoras de grandes bibliotecas.

Si los retratos de María Isabel de Borbón-Parma que se nos han conservado presentan a una joven agraciada y bella, rasgos físicos que sus contemporáneos coinciden en destacar, Joaquín Moles ligó a su belleza física cualidades más espirituales por las que la retratada ha pasado a la historia, concretamente su entrega a la lectura y la escritura al señalar que “Si como las imágenes de los cuerpos se pintan en los lienzos, las de las almas se delinean en los libros…”. Salvador Maella (1739-1819) reforzó la esencia de esta frase al retratarla con una pluma en su mano. Ese instrumento de escritura junto con los atributos reales, resumen a la perfección la condición por la que nos detenemos en su figura, la de princesa escritora. 

Pero ¿quién era realmente Marἰa Isabel de Borbón-Parma (31 diciembre 1741-27 noviembre 1763) y cuál es su legado? Nuestra escritora era hija de Felipe I de Parma (1720-1765) y María Isabel, princesa de Francia, y nieta de los reyes Felipe V e Isabel de Farnesio por su padre y de Luis XV y Marie Leszczyńska por su madre. Fue infanta de España, princesa de Parma y archiduquesa de Austria por su matrimonio con el ilustrado y culto José II de Austria (1765-1790), hijo de la emperatriz María Teresa de Austria. 
Nació en el Palacio del Buen Retiro de Madrid donde se crio hasta los siete años. Se trasladó a Parma cuando sus padres fueron nombrados duques de aquellos Estados en 1748. De camino a Parma residió durante casi un año en Versalles donde se despertó su gusto por la música y el teatro y perfeccionó su francés, lengua que continuó estudiando en Parma de la mano de su preceptor, el autor teatral Pierre Cérou (1709-1797), quien la formará además en historia y literatura. Aunque su educación estaba centrada en la religión, el dibujo, la pintura y la música, de manera extraoficial, fue instruida también por los preceptores de su hermano Fernando (1751-1802), el científico y militar Auguste Keralio (1715-1805) y el filósofo francés, amigo de Rousseau, Étienne Bonnot de Condillac (1714-1780), lo que explicaría su formación filosófica y sus conocimientos científicos, militares y tácticos y que Giuseppe Baldrighi la retratara con 16 años con un mapa en las manos.
A esto se añadía una capacidad de reflexión y agudeza crítica poco habituales, un gusto por la lectura y facilidad para expresarse tanto de palabra como por escrito en español, francés, italiano y alemán, por lo que fue considerada como una joven inteligente, con ingenio, criterio independiente e ideas ilustradas. 

En 1758 a la edad de 17 años fue prometida a José, archiduque de Austria y futuro emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Dos años después, el 7 de septiembre de 1760, tuvo lugar el casamiento por poderes en la catedral de Parma. La ceremonia oficial de la boda se celebró el 6 de octubre del mismo año en Viena.

Los fastos, ceremonias y festejos con los que Parma celebró el casamiento por poderes de los jóvenes fueron recogidos en una Relación de las ceremonias solemnes y fiestas celebradas en Parma con motivo de los esponsales. El 3 de septiembre de 1760 se representó en el Teatro Real de Parma una ópera en tres actos, Le feste d’Imeneo, del compositor Tommaso Traetta (1727-1779) sobre un libreto del poeta y libretista Carlo Innocenzo Frugoni (1692-1768). Un ejemplar del libreto, dedicado a ella e impreso en Parma en la Reale Stamperia Monti el mismo año de 1760, fue encuadernado en tafilete rojo y enviado a los Reyes de España en recuerdo de uno de los principales acontecimientos del momento que ponía broche a la política matrimonial entre dos de las principales casas reinantes. Actualmente se conserva en la Real Biblioteca de Madrid (VIII/15695).

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Cartas y ensayos inéditos

Antes de llegar a Viena, la futura esposa estableció una intensa relación epistolar con su futura cuñada, María Cristina de Austria (1742-1798), que tenía su misma edad. La correspondencia continuó incluso cuando estaban ya juntas en Viena, por lo que constituye una extraordinaria fuente de información sobre su pensamiento y su vida en la corte. Estas cartas de carácter privado y personal, escritas en un tono muy íntimo, refieren una relación estrecha e intensa entre ambas princesas, hasta el punto de ser interpretada como amorosa (Badinter, Elisabeth, 2008).
Además del género epistolar que, con carácter privado, cultivó desde joven, la princesa María Isabel plasmó por escrito, en forma de tratados o breves ensayos, sus reflexiones sobre distintos temas, como la educación, la filosofía, la religión y la moral, la espiritualidad, los hombres, el arte militar, el de escribir cartas e incluso una autobiografía. Estas obras, escritas en francés, permanecen inéditas y se conservan en los Archivos nacionales de Austria y Hungría. 

Meditaciones cristianas 

La única obra que se publicó tras la muerte de María Isabel son sus Meditaciones cristianas, unas reflexiones sobre la vida y la muerte escritas inicialmente, como el resto de sus obras, para su uso personal pero que, en este caso, tuvieron la fortuna de ser dadas tras su muerte a la imprenta en Viena en 1764 a instancias de su suegra, la emperatriz María Teresa. Las meditaciones, comparadas por algunos de sus contemporáneos con los Soliloquios de San Agustín o las obras de Santa Teresa, tuvieron un éxito inmediato, de forma que fueron traducidas a varias lenguas y publicadas hasta en ocho ocasiones en diez años. Los ejemplares conservados en la Real Biblioteca nos permiten conocer más de cerca esta obra y su historia editorial.

La obra fue impresa por Jean-Thomas Trattner (1717-1798), activo en Viena y miembro de una de las familias de editores y comerciantes del libro más importantes de la época (Oravetz, Vera, 1930). Se trata de un pequeño volumen en octavo, de 131 páginas enmarcadas en un doble filete negro, decoradas con cabeceras, remates e iniciales grabadas. La sencilla portada solo ofrece el título de la obra, sin la mención de la autora. 
En la Real Biblioteca se conservan dos ejemplares idénticos, encuadernados en tafilete azul decorado con un fino filete perlado azul oscuro y flores en las esquinas, con las signaturas X/660 y VIII/899. Debieron ingresar en época de Carlos III como reflejan las etiquetas de la biblioteca del Rey visibles todavía bajo el exlibris real de la época de Fernando VII.


Para que la obra pudiera ser de uso común en la corte de Parma, su hermana María Luisa, entonces princesa de Parma (1751-1819), la hizo imprimir en italiano ese mismo año de 1764. Esta edición vio la luz en Parma “nella Regio Ducal Stamperia Monti” y presenta características formales similares a la primera. En la portada hay un ligero cambio en el título, pues figura ya el nombre de la autora y el nombre de la princesa Maria Luisa de Parma, a quien se dedica la edición. Incluye además una dedicatoria del traductor, cuyo nombre permanece oculto, con una breve semblanza de la autora.

El pequeño volumen se volvió a editar en 1765, también en Parma, esta vez sin la dedicatoria a su hermana que había abandonado Parma para contraer matrimonio en España con el príncipe y heredero al trono, Carlos de Borbón. La portada mantiene el título de la primera edición italiana y el nombre de la autora.

La primera edición en castellano tuvo que esperar dos años a su publicación en 1767. La traducción, realizada a partir del francés, corrió a cargo del presbítero Joaquín Moles, un teólogo de la Nunciatura con una amplia carrera como traductor de obras del francés y el italiano al castellano y también como autor de obras de carácter didáctico moral, predicación, etc. (Aguilar Piñal, Francisco, t. V, n. 5103-5128).

La Real Biblioteca tiene la fortuna de conservar el autógrafo de la traducción de las Meditations chrétiennes de Joaquín Moles. Resulta ser el ejemplar de presentación que envió a Manuel Quintano Bonifaz, arzobispo de Farsalia e inquisidor general, para que se la hiciera llegar a María Luisa de Parma, entonces princesa de Asturias, con la idea de que favoreciera su difusión en España de la misma manera que lo había hecho en Italia. Este manuscrito de presentación está encuadernado en tafilete rojo decorado con hierros dorados que enmarcan el escudo grande de Carlos III a modo de super libros real (manuscrito II/3553).  

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La princesa de Asturias recibió la traducción de manos del arzobispo y la mandó publicar a sus expensas en Madrid. La edición Incluye dos retratos de Salvador Maella (1739-1819), uno de María Luisa de Parma, grabado por Pascual Moles (1741-1797) y el otro de María Isabel de Parma con la pluma en la mano, grabado por Joaquín Ballester (1740-1800). Ambos se reproducen de nuevo en la segunda edición que se hizo de la obra en castellano. Esta segunda edición incorpora además un frontispicio calcográfico que representa el escudo imperial con el águila bifronte de los Austrias y el león de España de los Borbones que sujeta una filacteria en la que se lee: “Obra póstuma de S.A.R. la serenísima señora doña Isabel de Borbón”, a los lados las columnas de Hércules, las bolas del mundo sobre las que se han dibujado los símbolos las casas reinantes de España, Francia y Alemania y el lema en latín que alude al éxito de los Austrias en sus matrimonios “ Tu foelix Austria nube”. Un ejemplar de esta rara edición se conserva en la Real Biblioteca encuadernado en pasta moteada y cortes que imitan las hojas de guarda en aguas, con la etiqueta de la biblioteca de Carlos III bajo el exlibris de Fernando VII (IX/5910).

Con posterioridad a esta segunda edición la obra se volvió a publicar al menos tres veces más en nuestro idioma (1773, 1777, 1794), otra en francés (1776) y otra en italiano (1789).

Su prematura muerte a causa de una viruela en 1763, poco después del parto y temprano fallecimiento de su segunda hija María Cristina, impidió que fuera coronada emperatriz de Alemania en 1765 junto a su esposo José II, bajo cuyo gobierno el imperio vivió uno de los periodos más florecientes y reformistas. Aunque se volvió a casar el 23 de enero de 1765 con su prima Josefa de Baviera, se cuenta que hubiera preferido hacerlo con su hermana María Luisa de Parma por el parecido físico que guardaba con su hermana.