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Calvet, el bibliotecario real que se ocupó del traslado de la Librería de Cámara

Salvador Enrique Calvet y Pasapera, gerundense nacido en 180, fue designado en julio de 1835 fue designado para estar al cuidado y vigilancia de la Biblioteca de S.M. “por sus trabajos e inteligencia”. Era un brillante abogado muy vinculado desde años antes a la Real Casa. Como se ve en el bloque siguiente, ello fue el origen de la designación. Sucedía a José Ángel Álvarez Navarro, de muy intenso servicio durante décadas con los libros palatinos, por lo que se iniciaba una nueva época coincidente con el nuevo reinado.

Ahora, además, estaba el desafío de la nueva ubicación de los libros de uso privado real. Tuvo que acometer Calvet esta delicada cuestión del traslado desde el ala de san Gil, donde estaba ubicada la Librería de Cámara desde que llegó del Buen Retiro en los años sesenta del XVIII. Al ser área soleada y alegre, la reina decidió quedarse esas dependencias para su uso tras el fallecimiento de su esposo.

Firma de Calvet joven, Archivo Histórico del Colegio de Abogados de Madrid
Firma de Calvet joven,
Archivo Histórico del Colegio de Abogados de Madrid

 

La vieja Librería de Cámara había ocupado en el reinado fernandino, prueba de su gran incremento, hasta XV salas [RB, ms. II/2617], pero con la mudanza se pasó a IX salas. Arantxa Domingo, en este mismo blog, recoge en su texto Los espacios de la Real Biblioteca a lo largo de su existencia el cierto desbarajuste que hubo en los primeros tiempos del traslado hasta la reordenación posterior:

“Este traslado supuso una degradación de la colección bibliográfica, de los muebles y demás piezas que la componían, por la precipitación con la que se hizo. Los libros no pudieron colocarse inmediatamente y permanecieron fuera de las estanterías, hacinados en el suelo, durante mucho tiempo, lo que deterioró notablemente la colección”.

Calvet realizó a la par, por entonces, en 1835, para las habitaciones reales de la reina gobernadora un proyecto de reforma para el servicio masculino, en calidad de secretario de Mayordomía Mayor, por lo que su servicio era muy directo con la Familia Real. Se aprovechó mobiliario de la Librería de Cámara, como los armarios de madera noble de la actual sala de investigadores, doce, y otros armarios menos finos. Al morir don Fernando era voluminoso el total de los libros para uso regio, aunque asimismo hubo salidas notables de ellos como la colección americanista de Juan Bautista Muñoz -salvo una treintena de manuscritos-, que pasó a la Real Academia de la Historia en 1816.

 

Armario librario procedente de la Librería de Cámara de Fernando VII hoy en la sala de investigadores de la Real Biblioteca
Armario librario procedente de la Librería de Cámara de Fernando VII hoy en la sala de investigadores de la Real Biblioteca

 

Labores de encuadernación

Se había desarrollado desde principio de siglo una intensa labor de encuadernación, tanto de lujo como de taller, en el llamado Taller de Juego de Pelota, sobre todo tras los ingresos masivos de 1806/07 y en particular bajo la dirección del encuadernador de cámara Santiago Martín Sanz, al retirase los viejos pergaminos e incorporarse pastas valencianas, tan propias de la Real Biblioteca. Pero también, una vez ordenados y ubicados los ejemplares reales en su nuevo ámbito espacial a lo largo de unos años, el segundo quinquenio de los años treinta en labor lenta y laboriosa, hubo ocasión de encuadernaciones artísticas nuevas para los libros reales. 

Esos años treinta fueron los del último período de Pedro Pastor, encuadernador de cámara justo tras morir su maestro Martín en 1828. Formado en Londres, de donde trajo hierros y planchas, era un gran artesano de la piel no solo para ligaciones sino para mesas y sillones, como se atestigua por trabajos existentes en el Palacio Real. Trabajó así especialmente para Fernando VII desde 1818, con diversos Estados Generales de la Real Hacienda, y de la Real Armada, que salían cada año, realizando los ejemplares reales. Pero lo más notable de su producción son los tres álbumes en folio elefante que albergan la colección de dibujos fernandina, unos 600, en IX/M/88-90 y las cubiertas del códice palatino del Libro de la Montería de Alfonso XI, que se le encargó en 1833, en , en tafilete rojo, en II/2105, conservándose la factura en el AGP. 

 

Pedro Pastor, encuadernación del Libro de la Montería (1833), en RB, II/2105, Cámara
       Pedro Pastor, encuadernación del Libro de la Montería (1833), en RB, II/2105, Cámara

 

Sucedió a Pastor como encuadernador de cámara, y de la imprenta real, Miguel Ginesta Clarós (1789-1850), que fue el fundador de la saga Ginesta. Le sucedería su hijo, Gineta Haro (1820-1878) como encuadernador de cámara. Tenía el padre dos vertientes, una novedosa, con labores en seco, sin dorado, interesantes para la época y elegantes, soliendo poner la cifra real de la joven reina, “Y”, sin corona. Y con el dorado tenía un concepto barroco continuador del de Pastor, con planchas de dorado refulgente al centro de los planos, muy de estilo romántico, gustando asimismo de los hilos dorados. Buena muestra son los Estados de la Real Armada de esos años, con hierros alegóricos en los ángulos y ricos y contraplanos de muaré con anchas orlas doradas. Son dos estilos muy contrapuestos, pero ambos lujosos, apropiados para la Real Casa.

Es decir, con los libros reales desarrolló Calvet una complicada labor en el poco tiempo de su dirección. Primero, dar ubicación y orden a la ya Real Biblioteca en el difícil cometido del traslado, laborioso por el alto volumen de libros, y segundo, proseguir la labor encuadernadora en la línea ligatoria de las pastas protectoras frente a los viejos pergaminos, y en la de lujo, con las labores exquisitas de los encuadernadores de cámara. A finales de esos años treinta, desde 1840 en particular, se vio que ya sería definitiva la nueva ubicación, la actual, en el ángulo opuesto al antiguo en el ala de san Gil.

 

Ginesta Clarós, planos en seco y planos de Estados de la Real Armada

Servicio en la Real Casa

La eficacia de cometidos anteriores palatinos llevó a la designación de Calvet como responsable de los libros reales. Tras estudiar Derecho con brillantez, le vemos en 1830 como secretario mayor de la Mayordomía de S.M., pero al morir el monarca se manifiesta ferviente isabelino y en 1833/34 es gentilhombre de cámara. Se le concedería la Orden de Carlos III al ocuparse con solvencia de la compleja testamentaría regia y de las herencias particulares de la reina niña y de su hermana Luisa Fernanda, de ésta, además, administrará sus bienes desde 1836. Esa fama de buen administrador y contable le llevó por entonces asimismo a gestionar patrimonio de la casa de los Osorio de Moscoso, condes de Altamira y otros títulos, al ser rehabilitado don Vicente por la Corona ya que en su día había abrazado el Trienio Liberal; siguió Calvet con su hijo Vicente Pío.

En 1836, redacta una Memoria sobre el Museo de Pintura y Escultura, fundado en 1819, luego llamado Museo del Prado por su ubicación, y que al morir su fundador tenía un status legal confuso pues en sus inicios era un bien patrimonial más de la Corona. Hasta casi el final de su vida (1831) el rey Fernando pagó cantidades para las obras de él de su Bolsillo Secreto.

 

 

El edificio original del Museo del Prado, el llamado “de Villanueva” por ser de éste arquitecto, en tiempo en que Calvet se ocupó de él tras fallecer Fernando VII. Según pintura de Brambila.
El edificio original del Museo del Prado, el llamado “de Villanueva” por ser de éste arquitecto, en tiempo en que Calvet se ocupó de él tras fallecer Fernando VII. Según pintura de Brambila.

       

A fines de la década, tras dictámen del mayordomo mayor de Palacio marqués de Valverde, Joaquín Félix de Samaniego Urbina, deja el servicio real por depresión tras morir en la guerra carlista morir su hermano Juan, tan isabelino como él. Ya quiso dejarlo antes pero se le denegó dada su valía. No obstante, mantuvo interés político y fue diputado por Gerona en el 37 y en el 44, y senador por Córdoba. En ese último año se le nombra además togado en el Ministerio de Guerra y Marina dada su capacidad jurisprudencial.. La reina regente, pese a estar apartado del servicio real esos años, no obstante, siguió recibiendo sus opiniones por vía epistolar. La misma con la que mantenía estrecho trato Calvet con el duque de Riánsares, nuevo esposo de la reina, don Fernando Muñoz, conservándose ambos epistolarios en el AHN. Por tanto, siempre fue de gran confianza de la Familia Real. Fallecería Calvet en 1846, lo que lamentó el matrimonio regio al ser confidente de ellos.

 

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