SIGLO XIX. DON ALFONSO XII (1874-1885)

BIBLIOTECA DE DOÑA MARIA DE LAS MERCEDES DE ORLEANS Y BORBÓN

Así como en el reinado de Carlos IV, según hemos visto, tiene su mayor incremento la Biblioteca Patrimonial de los Reyes de España, en el de Don Alfonso XII, comienza y adelanta extraordinariamente el arreglo material, y la científica catalogación de fondos. D. Manuel Ramón Zarco del Valle, en 4 de Febrero de 1875, se entrega de tan rico depósito, levantándose de ello acta notarial.

Habíase distinguido el Sr. Zarco, desde muy joven, como bibliófilo, y se doctoró en esta ciencia, nemine discrepante, al ganar, con D. José Sancho Rayón, en 1862, premio en público concurso, por el muy notable Ensayo de una biblioteca española de libros raros y curiosos, formado con los apuntamientos de Don Bartolomé José Gallardo, coordinados y aumentados. D. Manuel Ramón Zarco del Valle multiplicó aún sus aficiones y conocimientos, con frecuentes viajes, al extranjero, y con la permanencia en París, durante los años que siguieron a nuestra revolución de Septiembre de 1868, consultando asiduamente en aquella Biblioteca Nacional; frecuentando en persona y por escrito el trato de los más notables hispanófilos, como MORET-FATIÓ, STIRLING, HARRISE y otros muchos, y llevando el amor por el libro, al extremo de aprender en la capital de Francia prácticamente, el arte de la encuadernación, en uno da los más famosos talleres. Al hacerse cargo de ella, el señor Zarco conocía bien la Real Biblioteca, como habitual lector durante el reinado de Doña Isabel II. Con tales condiciones y elementos, el trabajo del Bibliotecario Mayor de S.M. el Rey Don Alfonso XII, entre cuyos primeros Decretos figura el nombramiento de Zarco del Valle, fue fructífero desde el instante en que tomó posesión de tan honroso cargo. En tal época, iban inventariadas por las Cortes, solamente cuatro salas, de las diez que en la planta baja cuenta la Biblioteca.

Sobre el estado en que se encontraba al ocurrir la restauración, y las reformas y trabajos que se acometieron inmediatamente por iniciativa de su Jefe, nada más auténtico, que reproducir aquí el interesante informe y las peticiones, que el Bibliotecario Mayor dirigió a la Intendencia general de la Real Casa y Patrimonio, el 6 de Abril de 1875, y que fueron atendido y otorgadas en todas sus partes, por Real orden de 16 de los mismos mes y año. Dice así aquel documento: "La Biblioteca particular de S. M. consta de más de 70 mil volúmenes, colocados unos en hermosos estantes de caoba, y hacinados otros sobre las mesas y por los suelos de las nueve salas, pasillos y almacenes que forman su local. Contiene además, éste, muebles viejos, relojes, bronces, un telescopio, cajas, arañas de cristal, &ª, que no siendo propios de una Biblioteca, ocupan el lugar que hace falta para colocar libros".

"También se custodian en ella considerable número de medallas y medallones, en oro, plata y bronce (de los cuales los hay del siglo actual, españoles, por duplicado y triplicado), así como monedas romanas, árabes, godas, &ª y objetos de plata y oro (v. g.), una bandeja, unas barras, sortijas, 26 onzas, arras de S.M. la Reina D. a Isabel y de S.A. la Infanta Dª Luisa Fernanda. Guárdense en la Biblioteca igualmente, las colecciones de libros pertenecientes a S.M. el Rey D. Francisco de Asís (en las habitaciones del piso principal de Palacio); la de S. A. S. la Princesa de Asturias; la que fue de la botica, (llamada Biblioteca de farmacia, (que desde luego debe devolverse), y la de obras de música -impresa y manuscrita- que, en parte, pertenece también a S. A. (De esta colección se entregaron, según borrador de Inventario, por orden de 7 de Mayo de 1872, al Excmo. Sr. D. Emilio Arrieta, Director del Conservatorio, 490 tonadillas, que no han sido devueltas).

"Existen además en los almacenes, obras de que hay varios ejemplares, o que se han recibido por entregas: están en paquetes o sueltas -y en desorden-.

"Difícil es hallar la que se busca; no sabiéndose a punto fijo el número de ellas, ni si están completas las adquiridas por suscripción: muchas, desde luego, no lo están. (De las obras de que había más de 20 ejemplares, se remitieron 12 a las Cortes, en cumplimiento de acuerdo de la Comisión de Gobierno interior de las mismas, fecha 6 de Agosto de 1873.

"El local está por demás descuidado, no pocos vidrios de las ventanas rotos, sucios todos: los plomos que sirven para sostenerlos, cayéndose. No más limpios se hallan los mencionados almacenes donde se encuentran amontonados trastos viejos, y donde se han destruido carteras enteras de estampas por la humedad. Nada digo de las esteras, hace muchos años puestas y rotas.

"Es de urgente necesidad renovar, para el salón destinado al trabajo, el mobiliario y el material, que no es decente ni adecuado el que ahora existe, y desdice de los armarios, y de lo que debe ser el de una Biblioteca Real.

"Parece, por tanto, perentorio el arreglo definitivo de ella: limpiada, colocar convenientemente todos sus volúmenes, contados, separar los dobles, triples, &ª, para ordenarlos en cuarto aparte; repasar las obras incompletas, para tratar de completadas o desechadas, adquirir algunas biográficas, bibliográficas e históricas, modernas, importantes y necesarias para el trabajo cotidiano; completar los diversos Índices de autores y materias, para conocer fijamente las riquezas que aquí se guardan en impresos y manuscritos, autógrafos, música, grabados, cartas y planos. Entonces se podrán servir con prontitud los pedidos de obras, y franquearse su estudio (previo superior permiso, que no debe escatimarse) a los entendidos y estudiosos.

"Ya los empleados en la Biblioteca trabajan en la revisión del Índice general, y catalogación de los libros de que buenamente pueden hacerse papeletas; mientras tanto, debe ponerse por obra el arreglo, en todo, de este departamento. Para ello ruego a V. E se sirva autorizarme: 1º. Para hacer entrega, por inventario circunstanciado, a quien se me designe, de los objetos de plata y oro de que dejo hecha mención, igualmente que de las medallas y medallones, de estos últimos tiempos, que resulten por duplicado, triplicado, &ª, después de separada una completa colección para la Biblioteca que, colocada en su DIA convenientemente, pueda conocerse y disfrutarse. 2º. Para entregar a quien corresponda (igualmente por inventario), los bronces, relojes, marcos, arañas de cristal, muebles y trastos viejos, impropios de la Biblioteca. 3º. Para proceder inmediatamente a la limpieza de los almacenes, y a establecer en ellos una anaquelería de pino blanco, donde colocar las obras de que hay muchos ejemplares en rústica, en rama y por entregas, contando e inventariando unos y otras. La limpieza exige, durante algunas semanas, dos mozos; el arreglo de las obras necesita oficial de encuadernador durante algunos meses. Colocados todos estos papeles, se acudirá a separar los dobles, triples y cuádruplos ejemplares que se encuentran hoy ocupando un lugar que no deben, en los estantes de las salas, y con ellos se formará el ordenado depósito que dije. Andando el tiempo, podrán (con las formalidades necesarias) cambiarse por obras de que carecemos, o que están incompletas, o tomar la resolución que entonces parezca más oportuna. Las estampas Y los dibujos originales, están ahora colocados en carteras, o formando volúmenes, diseminados en diversas salas: sería conveniente reunir unas y otros, en una mesa central de una de aquéllas, catalogar y colocar las piezas más raras en marcos, como se acostumbra en las grandes bibliotecas del extranjero.

"Terminado esto, será tiempo de fijar la atención en el mobiliario; entonces he de merecer a V. E. me permita proponerle el que nos es necesario para el trabajo cotidiano, y para colocar a la vista, y resguardados al mismo tiempo, los libros y papeles que ciertamente lo merezcan por su curiosidad, valor histórico, o importancia literaria".

Como en Julio de 1877 se hubiese ya terminado, en la Real Biblioteca, el arreglo de los depósitos de ediciones costeadas por el Patrimonio y suscripciones periódicas, y estuvieran muy adelantados los trabajos de catalogación y determinación de obras duplicadas e incompletas, creyó el Sr. Zarco llegado el momento de proponer las ya anunciadas mejoras que reclamaban imperiosamente el local y el mobiliario. Por cierto, que del inteligente cribado de muchas arrobas de papel viejo que se destinaba a encender las chimeneas, resultó la invención de curiosos MSS., como la Historia de la Villa de Zalamea de la Serena, y un tomo en 4º con Comedias inéditas, de LOPE DE VEGA. Las mejoras propuestas por el Bibliotecario Mayor, comprendían obras de fábrica, para la mejor disposición del ingreso a la Biblioteca; la total pintura de todos sus muros, armonizando el color de ladrillo obscuro, tan usado en los museos, con la estantería de caoba mate encerada; el establecimiento de caloríferos centrales, para leña, de loza vidriada, en vez de los braseros que venían empleándose; la colocación de grandes vidrieras de cristal raspado en los ventanales que dan a los patios, y que dejan pasar la luz impidiendo la vista; el recorrido de todos los armarios, madera y herrajes; la instalación de timbres eléctricos para facilitar el servicio, y la compra de un completo y adecuado mobiliario, para uso de la dependencia y del público, completado con doce prácticos y elegantes servicios de escritorio de plata, ricas pieles y marfil, todo ello con la cifra del Rey en la misma forma y disposición de su exlibris particular, reproducido al fin de estos apuntes en la lámina correspondiente. Habíase pensado antes en otro, y el acreditado grabador Stern, de París, presentó algunos proyectos en 1878, inclinándose después a adoptar el Bibliotecario, el modelo antes mentado.

A partir de aquel año, la Real Biblioteca adquiere inmediatamente el severo carácter de sencillez, riqueza, pulcritud y elegancia, que se procuran conservar, que alaban extranjeros y nacionales que la visitan, y que si a algo puede compararse con exactitud, es al mantenimiento interno de un gran buque de guerra. Al Excmo. Sr. D. Manuel Ramón Zarco del Valle se debe, a más de la obra completa y radicalísima de instalación y ordenamiento del local en conjunto y en sus pormenores, la enseñanza primera del personal alto y bajo. Él nos explicó, prácticamente, cómo debe tratarse el libro por el libro mismo, sin atender a su contenido; cómo hay que vestirle sencilla y elegantemente, hacerle respetar y defenderle del encuadernador, conservando pormenores que le distinguen, y librando sus márgenes de la "truculenta cuchilla", según expresión de GALLARDO. Él amplió y perfeccionó las enseñanzas que habíamos recibido en la Escuela Superior de Diplomática, por lo que hace al mejor sistema en la redacción de la fe de bautismo y hoja de servicios de los cuerpos alineados en las estanterías; él nos inculcó la diferencia que hay, y que debe existir siempre, entre eruditos y bibliotecarios, y la misión de éstos en sus relaciones con los índices y con el público; misión paciente, humilde, abnegada, en mucho semejante al trabajo solícito y desinteresado de las doncellas que visten y prenden a la novia, procurando que resalten sus naturales encantos, todo ello en beneficio de su prometido, sin parar mientes en los méritos o faltas del mismo. A más de consejos y enseñanzas, el Sr. Zarco nos favoreció, para nuestros trabajos particulares, con notas graciosamente cedidas, que formaban parte del copioso Archivo, de sus muchas y buenas lecturas, y sirvieron y servirán de base, Dios sobre todo, de bibliografías y catálogos. El Oficial primero de la Real Biblioteca, D. José María Nogués, autor dramático, poeta varias veces laureado en públicos certámenes, y en la Biblioteca Nacional, por una Bibliografía que lleva el título de "Seudónimos, anónimos, anagramas e iniciales de autores y traductores españoles e hispano-americanos", y nosotros, cumplimos con mucho gusto el deber de suscribir las anteriores manifestaciones, haciendo cabal justicia a nuestro antiguo y querido Jefe el Sr. Zarco. Suum cuique.

La Real Biblioteca comenzó muy luego a funcionar, abriéndose para toda consulta, previamente solicitada, ya que por sus especiales condiciones no podía ni puede abrirse al público en general, ni a todas horas; a acrecentarse con cambios de duplicados con otras bibliotecas, libreros y particulares 98, a desprenderse de sus sobrantes para la fundación de establecimientos de cultura, o para aumento de los ya establecidos, dentro y fuera de la Real Casa, en España y en el extranjero. Así, ya en 1876, Don Alfonso XII, que fue hermano modelo, ordenó que se enviasen libros al Alcázar de Sevilla, para instrucción y recreo de sus augustas hermanas las Sras. Infantas Doña Pilar, Doña Paz y Doña Eulalia; en Noviembre de 1877, se dispone la formación de una biblioteca técnica con destino a la Real Oficina de Arquitectura, hoy Dirección general de Obras de la Real Casa y Patrimonio, y de otra más general y didáctica, para el Real Colegio de Alfonso XII, en El Escorial. Y mientras que esto se hacía, dentro de Casa, antes y después, desde 1875, en Julio, hasta el 11 del mismo mes, en 1885, se regalaron libros a la Biblioteca del Consejo de Estado, al Ministerio de Fomento, a la Presidencia del Consejo de Ministros, al Archivo General Central de Alcalá de Henares, a la Biblioteca del Hospicio de Madrid, a la Colombina de Sevilla, a la del Cabildo de Covadonga, a la Biblioteca Lobo, de San Fernando (Cádiz), a la Real Academia de Jurisprudencia de Madrid, al Archivo Imperial general del Ministerio de Negocios Extranjeros en Moscú, y a la Biblioteca Nacional de Lima, en el Perú. Entre muchas otras personas, que fueron obsequiadas por S.M. con libros de su Biblioteca particular en esta época, figuran D. Antonio Cánovas del Castillo, D. Adelardo López de Ayala, el Conde de Toreno, D. Bonifacio Cortés Llanos, D. Fernando Cos-Gayón, D. Vicente Barrantes y el Conde de Ludolff, Ministro plenipotenciario, en Madrid, de Austria-Hungría.

También comienza en este reinado a asistir la Real Biblioteca a las Exposiciones, con obras notables, como se efectuó en 1811, en Madrid, en la Vinícola Nacional, y en 1881, con motivo de las Exposiciones de antigüedades americanas, en el Ministerio de Ultramar, de otra en Londres, y de la dispuesta en la Corte por la Grandeza de España. En el Archivo particular de la Biblioteca, comienzan ya a ser muy voluminosos los legajos anuales rotulados: "Libro de obras y periódicos adquiridos por compra y suscripciones" , y el "Libro de entradas". Entre las primeras se cuenta la importantísima adquisición del inventario de todos los bienes de la Reina Doña Juana, del que hemos tratado en la página LXI. Tuvieron ingreso asimismo, en tiempo del señor Zarco, y procedentes de la Inspección de Oficios, las obras que formaban parte del Regalo de Boda hecho a Su Majestad la Reina Doña María de las Mercedes de Orleans y de Borbón, primera mujer de Don Alfonso XII, y al fallecimiento de la augusta dama, toda su biblioteca particular de soltera, que se distingue por los exlibris de que ofrecemos muestra en la lámina correspondiente, al final de esta parte de nuestra Introducción. El 11 de Enero de 1881, S. M. acepta el presente que le ofrece su ilustre bibliotecario, consistente en 280 obras impresas de Bellas Artes y de Bibliografía Española, parte de los materiales consultados y descritos, al redactar dos bibliografías que le premió la Biblioteca Nacional en sus públicos concursos. Las muchas lecturas de toda suerte de publicaciones bibliográficas, y la correspondencia sostenida por el Sr. Zarco del Valle con los más distinguidos eruditos, nacionales y extranjeros, contribuyeron poderosamente a favorecer el ingreso, a título gratuito, de libros que no suelen encontrarse en otras bibliotecas, y que son herramientas inapreciables para el taller de la catalogación. Recordamos entre éstas, por su mérito intrínseco y extrínseco, el Catalogue des livres de la Bibliotheque du Prince Michel Galitzin, ci-devant Ministre Plenipotentiaire de Russie, prés la Cour de Madrid. Rédigé d'aprés ses notes autographes par Ch. Gunzbourg 99.

En todo se mostró el celo y la inteligencia del Bibliotecario Mayor, hasta en la adopción para los libros comunes en rústica, de una sencilla encuadernación en holandesa papel, conservando, por supuesto, márgenes y portadas, que bastaba a preservados, y establecía al año un buen ahorro. No entregada aún la Biblioteca del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial a la administración de los Reverendos Padres Agustinos, dependiendo, por entonces también, del Bibliotecario Mayor de S. M., su dirección representaba no poco trabajo para el Sr. Zarco del Valle. Según informe del mismo, en 1886, la Biblioteca Patrimonial aumentó de valor, en el breve reinado de Don Alfonso XII, por libros, medallas y enseres, en 15.487,62 pesetas.

La instalación de manuscritos o impresos de ella en la Exposición Histórico-Europea de 1892, con motivo de la celebración del 4º centenario del descubrimiento de América, fue la última labor del Excmo. Sr. D. Manuel Ramón Zarco del Valle, en la librería particular de S. M., en la que perdurará, mientras exista, la bonísima memoria del Bibliotecario Mayor de S. M. el Rey Don Alfonso XII 100.

RealBib 2007-08-07