SIGLO XIX. ISABEL II (1833-1868)

"El año de 1834 quedó sin empleados esta dependencia" [la biblioteca particular o de Cámara de la Reina] "por fallecimientos y cesantías, encargándose de ella D. Salvador Enrique Calvet, entonces Secretario de la Mayordomía Mayor, el cual mandó hacer un juego de papeletas, sin duda para la formación de índices; desgraciadamente, debió encomendar este negocio a persona muy ajena de las operaciones necesarias para el arreglo de una biblioteca y extraña al conocimiento de lenguas, resultando un trabajo lleno de errores, inexactitudes y groseras equivocaciones. A últimos de 1841, en que la educación de S. M. y A". [la Infanta Dª María Luisa Fernanda] "reclamó imperiosamente el uso de su Biblioteca, fue necesario nombrar un empleado para que enmendase o formase de nuevo los artículos por donde se buscasen y acabalasen las obras que se pidieran, permaneciendo en tal estado esta dependencia hasta fines de 1843 que se nombró Bibliotecario particular de ella a D. Miguel Salvá que dirigió los trabajos efectuados desde aquella época". 87 Como nota con mucha oportunidad D. MANUEL REMÓN ZARCO DEL VALLE, en unas observaciones de su puño, sobre la antigua ordenación de la hermosa librería patrimonial, y la labor de aquellos bibliotecarios; las condiciones de honradez de alguno, sujeto apreciabilísimo, distaban mucho de las escasísimas aptitudes para el cargo que... no desempeñaba. Y añade nuestro maestro y predecesor: "Del Sr. Salvá (luego Obispo), Bibliotecario a un mismo tiempo de S. M. en Madrid y El Escorial" 88 y de la del "Duque de Osuna en la Corte, ya puede suponerse lo que haría en estos tres vastos departamentos, cada uno de los cuales necesita de por sí todo el cuidado, esmero, etc., de un Bibliotecario. En la de Madrid emprendió un mal inventario de los MSS., puede creerse que para su propio uso, pues publicaba a la sazón la conocida Colección de Documentos inéditos que lleva su nombre, y en ella dio a luz manuscritos interesantes de esta Real Casa, callando empero de donde procedía la copia''. 89 Ya en una exposición que dirige a la Reina D. José Ranz, en 22 de Julio de 1840, refiere, que fue comisionado por la Mayordomía Mayor en 1836, para formar índice general de todas las obras existentes en la Real Biblioteca. ¿Dónde puede encontrarse este trabajo? Su autor no lo dice. En el Archivo General de la Real Casa y Patrimonio existe un inventario de libros de 1836, de nueve salas de la Biblioteca: comprende 18.350 obras, divididas en 37.625 volúmenes. Formaban este documento diez cuadernos de marca española, en rústica, cuando los consultamos. Sí refiere Ranz, que empleó seis meses en el trabajo -poco nos parece- y en justipreciar la particular de la Reina, sin que tampoco se acompañe ni hayamos dado con semejante justiprecio. Oigamos de nuevo a ZARAGOZA: "El aumento de obras que después ha tenido, el de las colecciones de litografías del Real Museo de pinturas, Vistas de Madrid y Sitios Reales, y el de la edición de la descripción de las alegorías de las bóvedas del Real Palacio, que costeó el difunto Señor Rey hacen subir esta tasa a 4.277,491 reales; y si a esta suma se añade la tasación de los doscientos veintiséis estantes de caoba y cristales planos, bronces y demás efectos existentes, puede asegurarse que su verdadero valor actual es el de 5.424,285 reales, Biblioteca particular la más rica y numerosa de cuantas posen los Soberanos de Europa''. 90

Como se ha visto incidentalmente refiriéndonos al señor Ranz, aparece la existencia de otra biblioteca particularísima de la Reina, a más de la gran librería patrimonial. En solicitud del mismo, pidiendo ser nombrado Bibliotecario, expresa, que tenía el encargo de catalogar aquéllas y justipreciarlas. Por último, en 1º de Agosto de 1851, ordena Su Majestad el Rey, verbalmente, que la biblioteca particular de su Augusta Esposa, sea trasladada al local que ocupaba la Primera Secretaría del Despacho de Estado, y ésta, al de aquélla.

No es fácil, pues, orientarse en tal laberinto; pero sí se ve claro, que la Biblioteca de Carlos III y Carlos IV, espléndidamente establecida, y ya catalogada, como se podía y sabía en aquella época, sufrió notable trastorno en la minoría de la Reina Doña Isabel II. El tutor de S. M., don Agustín Argüelles, en 12 de Noviembre de 1841, respirando por la herida, se expresa de esta suerte:

"El estado de confusión y desorden en que se halla la biblioteca de S. M. que más bien presenta el aspecto de un almacén de libros hacinados y en montones, que el de un depósito regularizado''... y a continuación el señor tutor pone el dedo en la llaga, notando, de paso, el achaque, tan frecuente y tan humano, en los de nuestro oficio, que se ocupan más en escribir libros por su cuenta, que en redactar papeletas de catalogación de las bibliotecas que dirigen, o en que sirven. Claro está, que con ello, si no prestan el servicio inmediatísimo y concreto que deben a quien les tiene a sueldo, para catalogar todos sus libros únicamente, a la larga, los otros catálogos generales o biografías de tal o cual imprenta o materia, se convierten en herramientas de gran utilidad para el bibliógrafo, el erudito, la misma biblioteca en que se redactó, para el público, sin distinción de clases ni sexos, y hasta para los más eminentes escritores, como puede confirmarse, leyendo el siguiente fragmento de un discurso de D. MARCELINO MENÉNDEZ y PELAYO: "Bien sé yo que hay cierto género de trabajo erudito, muy honrado y respetable, a no dudar, que de ningún modo está vedado al más prosaico entendimiento cuando tenga la suficiente dosis de paciencia, de atención, de orden, y, sobre todo, de probidad científica, sin la cual, todo el saber del mundo vale muy poco. Aplaudo de todo corazón a los tales y procuro aprovecharme de lo mucho que me enseñan; pero nunca me avendré a que sean tenidos por maestros eminentes, dignos de alternar con los sublimes metafísicos y los poetas excelsos, y con los grandes historiadores y filólogos, los copistas de inscripciones, los amontonadores de variantes, los autores de catálogos y bibliografías, los gramáticos que estudian las formas de la conjugación en tal o cual dialecto bárbaro e iliterario, y a este tenor otra infinidad de trabajadores útiles, laboriosísimos, beneméritos en la república de las letras, pero que no pasan, ni pueden pasar de la categoría de trabajadores, sin literatura, sin filosofía y sin estilo".91

Es muy cierto; como lo es, que hay algunos "autores de catálogos y bibliografías con literatura, filosofía y estilo'', que, por cumplir con su obligación y ganar honradamente su sueldo, se alicortan, digámoslo así, dirigiendo los trabajos de catalogación, procurando el constante incremento en los diversos fondos de la biblioteca que administran, vulgarizando el conocimiento de sus riquezas, redactando papeletas de índices, y hasta combatiendo con el polvo; todo esto, en vez de servirse casi exclusivamente de los libros confiados a su custodia y conservación, para escribir otros en provecho y fama propios.

También, en muchas ocasiones, el éxito de un drama, comedia o libro depende del infeliz que está en la concha, del pobre bibliógrafo o bibliólogo, para quien -a semejanza del apuntador en el teatro- nunca tienen un aplauso, ni el público ni el autor.

Se trató muy pronto de poner coto al "estado de confusión y desorden en que se hallaba la biblioteca de S. M.'', como hemos visto, y el 25 de Abril de 1846, se dirigió una Real orden al Bibliotecario D. Miguel Salvá, para que remitiese a la Intendencia copia del índice de impresos y de manuscritos que venía redactándose. Tres años después, por el mismo mes, el propio Bibliotecario comunica a la Secretaría de Cámara, que no se levanta mano de aquel trabajo. Los nuevos ingresos justifican, y exigen ya, que desde 1843 la biblioteca tenga encuadernador propio con nombramiento, que lo era D. Pedro Pastor. Proyéctase también, en 20 de Junio de 1848, reglamentarla, y en 7 de Septiembre, S. M. aprueba el de las Reales Bibliotecas, "propias de la Reina Nuestra Sra.'', la "Biblioteca particular de S. M.'' y la "Biblioteca del Escorial''92. Va firmado por el Marqués de Miraflores, y se compone de 19 artículos, en lo relativo a la Biblioteca Patrimonial. En el 1º del título I, se trata del personal, y se da la planta del de aquélla, y del personal de El Escorial, por ser el Jefe de ambas el Bibliotecario Mayor de S. M., con el sueldo anual de 16.000 reales. Figuran a las órdenes de éste: "Un Ayudante o Bibliotecario 2º, con 10.000; un Portero, con 4.000; un Bibliotecario para la del Escorial, con 10.000, y un Portero, con 3.000''. Además, el art. 2º autoriza al Jefe común para "tomar uno o más escribientes durante el tiempo que lo creyese necesario, sin que la cantidad anual que en este servicio invierta, pase de 6.000 reales''. Los preceptos principales de este Reglamento, que aún está vigente en lo poquísimo que no derogaron el progreso de los estudios y las nuevas organizaciones de las dos Dependencias Reales; son la formación de índices alfabético de autores y de materias, la clasificación de las obras en ambas Bibliotecas, el cambio de duplicados, y el empleo de exlibris especiales en una y otra.

Las relaciones de la Real Biblioteca con la del Patronato de San Lorenzo, en El Escorial, no fueron sólo de dependencia y administración, sino que se tuvo siempre presente el acrecentamiento de aquella librería, fundación de Felipe II, constando que, a partir de 1845, suelen remitirse libros a El Escorial desde Madrid, como se efectuó, por ejemplo, en 1857 y en 1885. De todas suertes, el día que se acometa la empresa de historiar documentalmente aquel famoso depósito de la cultura universal, será indispensable, para proceder con acierto, la consulta del Archivo particular de la Real Biblioteca, donde se conservan, desde 1848, interesantes papeles relativos a la de El Escorial, sobre nombramientos, ingresos de libros, consultas, inventarios, como el de Códices Griegos, y peticiones de obras hechas por las Reales Academias, principalmente la de la Historia; todo ello antes y después de la entrega que la Real Casa hizo de la famosa librería para su gobierno y administración, a los Reverendos Padres Agustinos, en 10 de Julio de 1885.

En la Real prosiguieron los trabajos de catalogación, según puede comprobarse por comunicaciones del Secretario de Cámara (4 de Septiembre de 1849), acusando recibo al Bibliotecario, de 182 hojas del Índice de Mss. comprensivas sólo de la letra F, de 4 de Marzo de 1850, y del 28 de Abril del 53, en que la Biblioteca envía a la Intendencia de la Real Casa el primer Tomo del Índice general de Impresos, que constaba de 446 folios, con más de 1.000 artículos comprensivos de la A. All. No hemos visto este trabajo, ni podemos asegurar si quedó copia u original de él en antiguas papeletas que aún existen en la caja de índice alfabético de autores.

Por lo que respecta a los Mss., en la Biblioteca se conserva y es consultado frecuentemente, aun teniendo otro catálogo más amplio, por papeletas y comprensivo de la entrada corriente; un "Índice de los Códices y Mss. de la Biblioteca particular de S. M. la Reina Nra. Sra. (q. D. g.) Dª. Isabel 2ª". Es este un catálogo general alfabético de cédulas aisladas y horadadas en su margen izquierda, al propósito de formar con ellas volúmenes: índice semejantísimo a los que hoy, con ligeras variantes, se ofrecen como una novedad por las Casas A. Staderini, de Roma, y P. Soennecken's de Bonn93. Ocho gruesos tomos, menos el de la S, que no es tan voluminoso, componen el Índice: las carpetas o encuadernaciones son de fina badana azul, muy obscura, con hierros en seco, y en el tejuelo letra dorada; se cierran por los cantos exteriores con dos juegos de cintas de seda celeste, y por la lomera llevan, para atravesar las papeletas, encuadernándolas, de suerte que puedan adicionarse otras, sendos cordones de torzal del color de la encuadernación, con cabetes de bronce dorado. Esto, por lo que hace a la obra materialmente. Por lo que se refiere al fondo, el Índice principia por el artículo "ABAD y LASIERRA. (FR. IÑIGO) descripción de las cosas de la California septentrional y meridional, hasta el estrecho de Amán, su descubrimiento, variedad de nombres que se le han dado, geografía de las costas del mar del Sur, desde el cabo de San Lucas hasta el circulo Ártico; viajes hechos a ella, temperamento y calidad de la tierra, puertos, misiones y descubrimientos de los Rusos sobre nuestras Indias e islas situadas al N. O. y comercio de estas. Año de 1783''. Letra moderna. 1 vol. fol. pta. Por fuera dice: "Discri. de las Costas de Califo. / 2-K-4''.

El último Ms. relacionado es: "ZURITA (DR. ALONSO DE) Noticias particulares de Nueva España. Sus Señores, ritus, [sic], comercios, sus leyes y costumbres, forma y manera de sus tributos antes y después de la conquista, etc..." A más de las consiguientes papeletas de remisión o referencia de nombres, o por tratarse de la colocación del manuscrito en tomos de varios, y ser preciso mentar el primero del volumen, para la busca del que se trata en la papeleta, las hay también de asunto o materias, aun teniendo autor el Ms., de suerte, que el índice puede considerarse como un verdadero repertorio, del que dan idea las papeletas copiadas. La redacción es buena, frecuentes y discretas las observaciones y notas que se refieren así al fondo de las obras, como a las condiciones materiales de las mismas, o caracteres externos, papel, encuadernaciones, letra, etc.: la del Índice es bastarda española y hermosa. Estas cédulas son original o copia de las que existen sueltas en el índice alfabético de manuscritos. Aquella obra, por tanto, es apreciabilísima y hasta simpática en su forma, elegancia y lujo materiales.

Al parecer, no fueron tan afortunados los impresos en su catalogación. Algunas papeletas, de esta época, y aun posteriores, tanto por el sistema adoptado para la redacción, como por ella misma, excitan la hilaridad, no sólo del bibliotecario más lego, sino de cualquier persona discreta. Ya es chistosísima errata o lapsus plumae, como la que se cometió escribiendo Guía de ladrones [sic], cuando se trataba de hacer papeleta a una Guía de labradores; ya, refiriéndose a un Alcorán, se cataloga comenzando la cédula por la Bolsa que contiene el libro, de donde resulta, que la papeleta va ordenada en la letra B, necesitando el bibliotecario estar investido del don de la profecía, para dar con la fe de bautismo de la obra. No se corrigieron tampoco equivocaciones de los encuadernadores, y así hay tejuelo que reza "Pavimentos de Relieve", siendo así, que la obra lleva por título "Descubrimiento de los pavimentos de Riélves'' [pueblo de la provincia de Toledo], por D. PEDROARNAL. En cuanto a las anotaciones particulares, de manejo interno, que esmaltan el índice general por papeletas, las hay sumamente gedeónicas. Vaya un ejemplo: cierta obra de historia carecía en tal fecha de atlas, porque subió y no bajó; es decir, porque la biblioteca sirvió la obra a S. M., y, al ser devuelta, se olvidó aquel volumen. El bibliotecario anota con lápiz en la cédula esta circunstancia, y cuando más tarde recibe el atlas y queda, por consiguiente, el libro completo de nuevo, en vez de borrar la primera anotación en lápiz, que ya no hace ninguna falta, añade debajo: "ya bajó el atlas''. Nos detenemos en apuntar semejantes minucias, por antojársenos, que retratan de cuerpo entero lo que fue, durante un largo período de este reinado, el trabajo de catalogación y el servicio de la gran Librería Patrimonial, y en qué estado hubo de hacerse cargo de ella el Bibliotecario Mayor de Don Alfonso XII, después de los paréntesis de la Revolución, y del breve reinado de Don Amadeo I.

La proverbial generosidad de Doña Isabel II, y su gran patriotismo, se reflejaron intensamente, como era natural, en la Biblioteca, resultando más directa la protección en favor de escritores, artistas y meras empresas editoriales, que en beneficio de las ciencias, las letras y las artes, debiendo achacarse, sin duda alguna, a falta de verdadera inteligencia, celo e imparcialidad de quienes aconsejaban subvenciones o suscripciones. Muchas fueron las que de ambas clases, se otorgaron durante este reinado para acrecentar la Biblioteca, sin que hayamos podido averiguar, qué acogida mereció la propuesta que en 1850 hizo el Jefe de aquélla, relativa a publicación de manuscritos interesantes. Se costeó la estampa, en totalidad o en parte, de muchas obras de varias materias e índole, como el Compendio de Historia antigua, de D. FRANCISCO AGUSTÍN SILVELA; la novela Fe, Esperanza y Caridad, de D. ANTONIO FLORES; La Jerusalén libertada, la Historia de Carlos III, de D. ANTONIO FERRER DEL Río; la Crónica de Alfonso XI, el Viaje a las Vascongadas, y un Manual del sillero y guarnicionero, de D. JOSÉ RODRÍGUEZ ZURDO. El capítulo de suscripciones era también importante en el presupuesto de la Biblioteca: a 52.136 reales ascendió en 1863. La Reina estaba suscrita nada menos que a 33 ejemplares de la "Lira Sacro Hispana. Gran colección de obras de música religiosa, compuesta por los más acreditados maestros españoles..." y "dirigida por D. HILARION ESLAVA''[1852-1860], siendo lamentabilísimo, que no haya resultado completo, hasta la fecha, ni un solo ejemplar de los 33, en los diez volúmenes que componen obra tan monumental. También, por vía de auxilio a la publicación intitulada Recuerdos y Bellezas de España, se abonaban 1.600 reales mensualmente, convirtiéndose, en 20 de Octubre de 1857, esta subvención en suscripción a diez ejemplares de cada entrega. En el Archivo particular de la Real Biblioteca, se conserva un libro copiador de las Reales órdenes que disponían las suscripciones de toda especie: comienza en Diciembre de 1855, y termina en 1868. Se abrió también otro, en 1841, comprensivo de los ingresos de las demás obras, igualmente archivado en aquél, y que siguió llevándose hasta 1871. Después, ya en el reinado de Don Alfonso XII, en la papeleta de índice de cada obra, al verso, se viene anotando la fecha de entrada y el origen, como también si fue por presente, compra o cambio. El ingreso general durante el año, y la clasificación por materias de libros, estampas, medallas y música, consta en las Memorias anuales que el Bibliotecario Mayor eleva a la Intendencia general de la Real Casa y Patrimonio, desde 1893.

A más de las suscripciones personales de la Reina, se hacían otras a nombre del Príncipe de Asturias y de la Infanta Doña Isabel. Pronto tuvieron SS. AA. sendas bibliotecas particulares. La de Don Alfonso comenzó a formarse por disposición expresa de su Augusta Madre, a mediados de 1858, "conservándose en estantes separados los libros del Príncipe''.

Con motivo del casamiento de la Infanta, el Marqués de Novaliches pidió, en 30 de Abril de 1868, al Bibliotecario Mayor de S. M., un Catálogo de los libros de S. A. para entregárselos. Por notas del Sr. D. Manuel Ramón Zarco del Valle, tenemos noticia de tal Catálogo o Catálogos, que no hemos llegado a ver:94 por lo que hace a las obras, se entregaron a su Augusta dueña, por mano de D. José de Nájera Secretario de S. A., el 8 de Julio de 1875.

En el Archivo particular de la Biblioteca de S. M., existen también referencias a la que poseía el Infante Don Francisco de Paula de Borbón, Duque de Cádiz, padre de Su Majestad Don Francisco de Asís; librería que se colocó en uno de los entresuelos de Palacio.

La del Augusto Esposo de Doña Isabel II, de la que se conserva lista hecha en 1878, y que fue casi catalogada por nosotros en el Real Sitio de San Ildefonso, La Granja, donde se conserva en la actualidad, se adjudicó en la testamentaría del difunto Rey, a su Augusta nieta la Serenísima Sra. Princesa de Asturias Doña María de las Mercedes (q. g. h.). Constaba esta Biblioteca, en 25 de Noviembre de 1902, de 5.431 volúmenes impresos, de todas materias. La Biblioteca de Doña Isabel II, conservó en todo tiempo, muy buenas relaciones con las Reales Academias, como lo prueba la remisión a la de la Historia, en 10 de Marzo de 1854, de varias Crónicas generales de España. En este reinado se inaugura también la concesión a Corporaciones de toda especie, y a particulares, de bibliotecas parciales y libros procedentes de los depósitos de duplicados y de ediciones costeadas por el Real Patrimonio. Así, en 17 de Mayo de 1855, se concedió a los Religiosos Franciscos Descalzos, de las Islas Filipinas, "Colegio de PP. Misioneros trasladados últimamente al Convento de la Villa de Pastrana'', accediendo a la solicitud de Fr. Francisco Pastor, Comisario y Procurador general por la provincia de San Gregorio; la librería, estantes y libros de coro existentes en el Convento de San Pascual del Real Sitio de Aranjuez. Don Manuel Carnicero y Weber fue autorizado para que eligiese entre aquellos libros, los que juzgase convenir por su novedad o rareza a la biblioteca particular de S. M. La librería de San Pascual estaba formada por más de 3.000 volúmenes. Carnicero eligió un BOECIO "De Consolatione, Lugduni, 1487''. "La Nueva filosofía de la Naturaleza del hombre'', Madrid, 1728. "VALLE De incautationibus. BARTOLICII, Biblioteca magna Rabbinica, 1675, y la Biblioteca latino hebraica, Roma, 1694''. Los otros libros, dice, eran, "ediciones comunes y propias para la instrucción y enseñanza de los Religiosos, sin haber hallado cosa digna de ser trasladada a esta Biblioteca de S. M. más que las obras que se expresan...''

A más de los incrementos que tuvo la biblioteca por suscripciones a obras en publicación, aumentó mucho con libros que, a título gratuito; regalaban a S. M. autores y editores. Desde Diciembre de 1841, se llevó en la Biblioteca un libro de entradas; en 1855 fueron considerables.

Merecen, sólo como curiosidad histórica, mención particular, las muchas obras de diversa materia que entonces ingresaron en la Real Biblioteca, encuadernadas, si con lujo, con pésimo gusto, en terciopelos, telas y pieles caprichosas, adornadas con cifras, cantoneras y broches de plata, oro y otros varios metales más ordinarios fue tal la profusión de estos regalos, muchos de ellos, naturalmente, a modo de letra de cambio girada contra la generosidad de la Reina, que correspondía siempre con costal de trigo al bizcocho monjil; que hizo pensar, ya en el reinado de Don Alfonso XII, al Bibliotecario Mayor, Sr. Zarco del Valle, si sería conveniente negarse a admitir tales regalos. Entre aquella clase de obras descuella, como las pirámides en el desierto, un tomazo del tamaño de puerta cochera, que viene llamándose en la Real Biblioteca el libro de los Isidros, porque solía enseñarse los días de la fiesta del Santo, a los visitantes de aquélla. La encuadernación de este monumento es de terciopelo morado, cuajado de repujados en plata, con grandes escudos reales en el centro de las tapas, y letras de a pulgada. Se necesitan dos hombres para manejar el libro, que lleva por título Cien páginas sobre la Idea de un Príncipe político cristiano... Madrid, 1863. D. JOSÉ MARTA DE LAREDO, Jurisconsulto y Juez de paz de Madrid, autor de las cien poesías, glosa de la obra de DON DIEGO DE SAAVEDRA FAJARDO, dedicó el libro "a S. M. la Reina Doña Isabel 2ª, para S. A. R. el Príncipe de Asturias''. Cada poesía y página va encerrada en una orla dibujada a pluma y escrita por D. Manuel José, hijo del Juez, de un modo admirable. Lleva además en el centro y a la cabeza de cada orla, un cuadro de asunto relacionado con la máxima que se glosa. Toda la obra, de mucho más trabajo que de buen gusto, es, sin embargo, notabilísima fue este libro, tan codiciable por sus arreos externos, uno de los despojados de parte de su encuadernación, en el robo hecho en la Real Biblioteca, que notamos el 13 de Noviembre de 1900. Durante la jornada del verano de 1906, se restauró el tomazo en ambas tapas, conservando el carácter barroco primitivo, por el platero de la Real Casa, D. Pedro Durán: importó la compostura 200 pesetas.

Con el fin de favorecer aún más el ingreso de libros, en 20 de Septiembre de 1866, se autorizó el cambio de duplicados con la Biblioteca Nacional, la de San Isidro y la de la Universidad Central. Al propio tiempo, la Reina regalaba obras a los Soberanos extranjeros, como lo efectuó obsequiando a Su Santidad, en 1865, con importante número de ellas, y en el 66, a los Emperadores de Austria y Rusia, al Rey de Prusia y a la Reina de Inglaterra, a quienes se hizo presente de sendos ejemplares de la Iconografía de CARDERERA.

El reinado de Doña Isabel II, puede considerarse como época de transición para la Biblioteca Patrimonial: muchas fueron las adquisiciones; pero poco importantes por la calidad. Algún intento de catalogación sistemática, o por materias, nos queda de tal época; mas por ser base muy liviana, nada importante pudo construirse sobre ella. Las herramientas de que disponía el bibliotecario -bibliografías, catálogos, diccionarios, repertorios, enciclopedias, etcétera- eran escasas, y por no estar debidamente agrupadas y a la mano, dificilísimo de servirse de ellas para la redacción de verdaderos índices de autores y de materias de esta ya tan vasta librería. No estaba tampoco suscrita a publicaciones periódicas técnicas, escasas en aquella época, y la Biblioteca permanecía cerrada a toda consulta e investigación personal, y por correspondencia escrita. "As to the library, it is hermetically sealed95''. El local carecía, además, de alumbrado general, y de calefacción propia. El personal, en los crudos meses del invierno, en los que solía bajar la temperatura a 9 grados, centígrados, en la sala de manuscritos, aun con sus dobles vidrieras, se agrupaba en torno de los braseros, embozado en la capa y tiritando, no obstante el pan y el vino que la Real Casa le servía, para tomar las once, según antigua costumbre, que también se observaba en la primera Secretaría de Estado, vecina de la Biblioteca, hasta hace pocos años. Los días de gala, los bibliotecarios, -como todos los servidores de Palacio-, eran obsequiados con dulces, bizcochos y vino generoso. Pegado a la tarima, a las tibias caricias de la lumbre, el Bibliotecario Mayor iba examinando los libros que traían, el portero y los ordenanzas, en una espuerta, y echaba en otra, para almacenarlas en los depósitos, las obras que por el idioma de la portada le resultaban ininteligibles.

En un estado de las Bibliotecas principales de Madrid, dado el 12 de Mayo de 1869, a la Junta de Estadística, se fija el número de volúmenes que formaban la librería de Palacio, en 58.057, y en una comunicación, también oficial, de 9 de Julio siguiente, se dice, que "esta Biblioteca carecía de índice alguno'', lo cual es completamente falso, como hemos visto. Precisamente para auxiliar los trabajos de revisión y rectificación de los índices, estaban nombrados temporalmente, sujetos de tan reconocida competencia, como lo fueron D. José María Octavio de Toledo y D. José Sancho Rayón, quienes en el mismo mes rendían cuentas del número de papeletas que llevaban redactadas.

Terminaremos este capítulo transcribiendo el juicio con que también concluye D. TOMÁS ZARAGOZA su Noticia... tantas veces citada.

La Biblioteca de S. M. la Reina Doña Isabel II, "Está formada de todos los ramos del saber humano, siendo muy notable su riqueza en libros del siglo xv, cuna de la imprenta, en códices antiguos, devocionarios en vitela de mucho precio, Biblias políglotas, hebreas y sus versiones, obras de jurisprudencia, colecciones diplomáticas, medicina, historias generales y particulares, geografía antigua, viajes, historia natural, botánica, autores clásicos, bellas letras, colecciones bizantinas y bipontinas, colecciones de estampas, museos de pinturas, esculturas y antigüedades, lujosamente encuadernadas en su mayor parte. También posee numerosas ediciones de los Aldos, Elzevirios y Estefanos, entre los tipógrafos antiguos: de Didot, Bodoni, Monforte, Ibarra y Sancha, entre los modernos, sin contar los libros raros de historias particulares de pueblos, romanceros, cancioneros y alguno de caballería: libros, tanto más preciosos en el DIA, cuanto que han sido fraudulentamente despojadas de ellos casi todas las Bibliotecas y depósitos nacionales, en esta aciaga época de revueltas que hemos corrido".

RealBib 2007-08-07