NACIÓ Y FUÉ PROCLAMADO EL 17 DE MAYO DE 1886; DECLARADO MAYOR DE EDAD, EL 17 DE MAYO DE 1902, CASADO, EL 31 DE MAYO DE 1906, CON DOÑA VICTORIA EUGENIA.
A la bondad inagotable de S.M. la Reina Regente Doña María Cristina, debimos, el 28 de Marzo de 1893, el nombramiento de "Bibliotecario Mayor de la particular de Don Alfonso XIII", como así suele llamarse aún, conservando la tradición de cuando, por depender ambas de la Real Casa, era preciso distinguir entre la pública, y la de Cámara del Rey. Al encargarnos de ésta, llevábamos tres años, menos dos meses, de prestar ya servicios en la regia dependencia, como Oficial segundo, a las órdenes de D. Manuel Ramón Zarco del Valle. S. M. la Reina, con tal nombramiento, colmó nuestras ambiciones; pero hemos de confesar ingenuamente, que desde el principio nos abrumó la magnitud del encargo. Todavía, al trazar estas líneas, después de más de diecisiete años de administrar, si con mediana inteligencia, con más interés aún que el que ponemos en la defensa de nuestra propia hacienda, el tesoro de impresos y manuscritos de la Real Biblioteca, que bien valdrá hoy tres millones de pesetas, diariamente nos preguntamos, qué hicimos para merecer la confianza de SS. MM., y poder disponer a nuestro antojo de tamaña riqueza. Y justo es, y oportuno será, comenzar este capítulo, declarando que, también desde el principio de nuestra administración, hasta el día presente, de la augusta dama abajo, todo el mundo en la Real Casa, facilitó moral, económica y administrativamente nuestra gestión. El Excelentísimo Sr. Marqués de Borja, Intendente general, de quien inmediatamente dependemos, guardándonos las más exquisitas consideraciones, robusteció, en todo tiempo y ocasión, la autoridad del Jefe local, dejó en completa libertad la iniciativa técnica del bibliotecario, y autorizó, sin reparo alguno, cuantos gastos extraordinarios le propuso. El Excmo. Sr. D. Manuel Zarco del Valle, Inspector general, a veces, aun sin indicación de nuestra parte, nos sorprendió agradabilísimamente, ordenando muy diversas instalaciones y mejoras de mobiliario, alumbrado, calefacción, con varias otras reparaciones y obras, de que él mismo no había logrado disfrutar, cuando era bibliotecario. Los antiguos Arquitectos Mayores, y el muy ilustre Director de aquéllas, realizaron siempre con actividad, acierto y cariñoso esmero, cuantas se fueron disponiendo de muy diverso género y de relativa importancia, en el gran local de la Real Biblioteca.
Si, pues, en nuestra labor, así por lo que hace a la conservación y mejoramiento de cuanto recibimos y hemos ido adquiriendo, como en lo que se refiere a la prosecución de los catálogos, y a la estampa del presente volumen, se notan grandes deficiencias, defectos y equivocaciones de mucho bulto; no tenemos disculpa, ya que se nos facilitaron todos los medios a manos llenas: y de los aplausos, si la obra en conjunto los mereciese, pocos podrían tocarnos en el reparto, después de adjudicados los que en justicia corresponden a nuestros ilustres Jefe, compañeros y celosos subordinados. Suum cuique.
La Exposición Universal de Chicago, celebrada en 1893, fue la primer señal de vida que dio la Real Biblioteca, bajo nuestra humilde dirección, concurriendo al certamen con varias obras, que figuraron en el departamento de la mujer. Este hecho, nos sugirió, por entonces, la idea que pusimos inmediatamente en práctica, de abrir un índice particular, hoy ya voluminoso, de Feminismo, que contiene papeletas de todas las obras, escritas por mujeres, que posee la Biblioteca, y de cuantos trabajos fuimos teniendo noticia, publicados o inéditos, sobre aquel asunto, que hoy ocupa en todo el mundo a tantos pensadores de uno y otro sexo. De suerte que, en este índice, se contienen datos de obras de la mujer, y sobre la mujer, existentes o no en la Real Biblioteca, manuscritos, impresos, libros, folletos y papeles de todo género.
Y ya que de un índice tratamos, relacionaremos aquí, desde luego, los varios por que se maneja en la actualidad la Real Biblioteca.
Cuenta, en primer término, con un repertorio o Indice enciclopédico, por papeletas y en caja especial, breve, pero generalísimo, ordenado por vocablos, aisladamente y sin sujeción a previas clasificaciones de ningún género; las cédulas de 110 mm. x 68 - remiten a todos los otros índices. Contiene aquél, a más de los datos relativos a obras que se encuentran en la Real Biblioteca, muchas otras noticias biográficas y bibliográficas, tomadas de publicaciones periódicas, bibliografías, catálogos, y, a veces, hasta de viva voz, todo ello procedente de materiales extraños a los fondos propios de la regia librería. De suerte que, en el artículo Algodón, por ejemplo, se apuntan, no sólo los libros, folletos, manuscritos y papeles que posee sobre esta "planta vivaz",... borra, hilados, trajes, etc., etc., si que también, cuantas otras noticias fueron espigándose sobre tales asuntos, en sucesivas y diarias lecturas de revistas, catálogos y anuncios de todo el mundo. Cuando las dimensiones de un artículo del índice enciclopédico son de importancia, se redacta una bibliografía particular, también en papeleta aislada, que pasa el índice especial de aquélla, o sea el segundo de que disponemos y que está formado de cédulas biográfico-bibliográficas, encabezadas con el nombre del autor, seguido de la relación de sus trabajos, y de papeletas, puramente bibliográficas, por asuntos o materias. Así: FERNÁNDEZ DURO (CESÁREO) O ARTILLERÍA. Se contienen además en el índice de BIBLIOGRAFÍA, como es consiguiente, las cédulas de todas las obras de esta materia, catálogos importantes, repertorios, etc., que posee la Biblioteca, o de los que se tiene noticia.- ÍNDICE DE MANUSCRITOS. Es éste, hasta el presente, copioso, como la importantísima Sección a que responde; pero formado dentro de antiguos moldes, y sumamente imperfecto. Aunque es alfabético de autores, fue relacionado por nosotros con el enciclopédico, de suerte que, así para la consulta de los eruditos, como para el manejo de los biblioterios, pueden aguardar las cédulas principales su completa reforma, después de confrontadas con las obras.
Conocida es de los americanistas eruditos la gran importancia que para sus estudios tiene el fondo de Mss. de la Biblioteca de S. M. en la que figuran piezas como la Historia universal de las cosas de la Nueva España, repartida en doce Libros, en lengua mexicana y española.., de FR. BERNARDINO DE SAHAGÚN, obra tan consultada, extractada y reproducida, letra e ilustraciones gráficas, coloridas, entre otros, por los Sres. D.G. Brinton, D.E. Seler y D. Francisco del Paso y Troncoso. La muerte de nuestro sabio amigo D. Marcos Jiménez de la Espada, privó a la Real Biblioteca de la redacción, por éste, del Índice de Manuscritos de América y sobre América, cuya formación tuvimos la honra de proponerle, y que aceptó con entusiasmo. Tiempo hace, que de la Sección en general viene encargado el Catedrático de la Central y Académico de la Española, D. Ramón Menéndez y Pidal, y mucho debe esperarse de su reconocida competencia. También en nuestro tiempo ha ido formándose un índice especial de Bibliografía de Mss., como apropiada caja de herramientas para la catalogación de los que posee la Real Biblioteca.
En el capítulo precedente, citamos los catálogos parciales que van publicados, relativos a algunos fondos de la Sección de que se trata, tales como los de manuscritos catalanes y griegos. En nuestro tiempo vieron la luz pública, los siguientes trabajos, referentes, en general o en particular, a la misma Sección. El del Sr. R. BEER, en Handschriffenschätze Spaniens (Wien, 1894, pág. 278-284); el Complement du Catalogue des manuscrits grecs (Revue des Bibliothèques, Mars-April, 1897, en 1898, el tomo I del Catálogo de la Real Biblioteca, Manuscritos, Crónicas generales de España, descritas por RAMÓN MENÉNDEZ PIDAL, con láminas hechas sobre fotografías del Conde Bernar, obra de la que se registró la segunda edición, en la Propiedad Literaria, en 1900. Por fin, D. JOSÉ MARÍA NOGÜÉS, da noticias de varios Mss. preciosos de la Real Biblioteca, en la Monografía que lleva por título Archivo de la Real Casa y Biblioteca particular de S.M., cuaderno 41 de la Guía Palaciana. Madrid, 1901, pág. 39 y siguientes.
Cómo hijuela del índice general de Mss., y en la misma caja de sus papeletas, se inauguró, durante nuestra administración, otro de AUTÓGRAFOS, que contiene cuantos van encontrándose en los impresos, dedicatorias/notas, apostillas, etc., y todos los que figuran en códices, manuscritos, documentos y en las correspondencias existentes en el Archivo particular, de la Real Biblioteca, que comienza en 1815, y abunda en firmas notables.
Los INCUNABLES y LIBROS RAROS tienen su Índice especial, en el mueble del general alfabético de autores, que se considera como el principal, y es el más copioso de todos. Con éste se encuentra también el de LÁMINAS y FOTOGRAFÍAS, que no es, hasta el presente, sino un esbozo. Lástima grande que el ilustrado Jefe de la Sección de Estampas de la Biblioteca Nacional, Sr. Barcia Pavón, a quien propusimos la obra, no haya podido encargarse de la redacción de este importante índice, que comenzó, y luego no ha podido continuar, el profesor D. Pelayo Quintero.
Índice de RETRATOS. Contiene éste, papeletas individuales de los que figuran, en todos los libros de la biblioteca y publicaciones periódicas, con más, referencias a catálogos especiales de la materia, y, por fin, muchas cédulas, a las que va unido el retrato mismo del personaje. Una sola obra, impresa y en curso de publicación -que por cierto es monumento de las artes del libro-, lleva dadas la friolera de ochocientas cuarenta y nueve papeletas. Se intitula Figures contemporaines tirées de l'Album Mariani 101... La MÚSICA y la CARTOGRFÍA constituyen también fondos muy importantes. De la primera, poco es lo que hay catalogado, y esperamos poder confiar pronto esta labor a persona competente. De la formación del índice de MAPAS y PLANOS, tuvo la amabilidad de encargarse graciosamente el Académico de la Historia y Bibliotecario de la Sociedad Geográfica, D. ANTONIO BLÁZQUEZ, que adicionará, con la competencia y el primor que le son peculiares, la Noticia breve de las cartas y planos..., por D.CESÁREO FERNÁNDEZ DURO 102.
En la catalogación del monetario y las medallas se ocupa D. Antonio Vives y Escudero, también individuo numerario de aquella eminente Corporación, y autoridad reconocida en numismática. Va ya muy adelantada la impresión del primer tomo y volumen de la obra que lleva por título Medallas de la Casa de Borbón, cuyo texto ilustran muchas y muy buenas fototipias de Hausery Menet. Tienen índices especiales, por papeletas, los Incompletos, para que, al figurar en conjunto y más a la vista, sea fácil procurar que dejen de serlo; una gran cantidad de Duplicados de toda especie; las Ediciones costeadas por el Patrimonio, las obras adquiridas desde cuatro ejemplares en adelante; una colección de toda suerte de catálogos, menos de libros; la Numismática (papeletas de libros que no posee la Real Biblioteca); Exlibris; Obras para adquirir, Reservados (impresos y manuscritos); de Sabios y Eruditos que consultaron, personalmente o por escrito, obras de la Real Librería o puntos de erudición; de señas de Editores y Libreros de España y del extranjero; de Números sueltos de periódicos, de los que no hay colección en la Biblioteca, por contener trabajos de interés para España y la Real Casa; y, por último, índice Memorandum, auxiliar de la redacción y estampa del Catálogo. Cada una de las Personas Reales, de quienes se custodian libros que les están particularmente dedicados, tiene su índice especial: Su Majestad la Reina Doña María Cristina, S. M. la Reina Doña Victoria Eugehia y S. A. R. el Príncipe de Asturias. Para terminar: tiene también índice el fondo de importantes donaciones hechas a la Real Biblioteca, por su anterior Jefe el Excmo. Sr. D. Manuel Ramón Zarco del Valle, presente del que dimos pormenor al tratar de la Biblioteca de S. M. Don Alfonso XII.
Con los índices mentados, procuramos responder, en el menor tiempo posible, a las dos preguntas obligadas de todo el que acude en consulta a una biblioteca, a saber: dado el nombre del autor, si existe determinada obra suya o la suma de todas ellas; o dada una materia o asunto; qué obras del mismo pueden facilitarse.
En la Memoria y estadística anual que elevamos a la Intendencia general de la Real Casa y Patrimonio, constan muy al pormenor los trabajos todos del personal, las obras y mejoras hechas en el local y el ingreso de libros, que ascendió, durante los diecisiete años de nuestra administración a 28.105 volúmenes, habiéndose redactado 55.011 papeletas de índice nuevas, correspondientes a los fondos antiguos y al ingreso de libros modernos, lo que arroja un promedio anual de entrada de 1.653 volúmenes -173 más que en la Biblioteca del Arsenal en París 103, y de redacción de 3.235 cédulas, sin contar en ellas muchas otras de mapas, láminas de toda especie, música, monedas y medallas, que no dejan de recibirse. Conviene advertir, que las bodas de SS. MM. Doña María Cristina y Doña Victoria Eugenia, determinaron un notable ingreso de obras en alemán e inglés; libros que, en su mayoría, dudamos los posean otras bibliotecas de España. Entre los primeros, mentaremos el espléndido y muy interesante Jahrbuch..., que dejamos citado en la pág. LXVII, verdadera enciclopedia artístico-histórica de la Casa Imperial y Real de Austria, de todos los tiempos y países. De obras inglesas modernas, singularmente de las que tratan de España, pueden citarse las series de monografías artísticas y libros de viajes del Sr. ALBERTO FEDERICO CALVERT, primorosamente ilustrados, con láminas de colores, y vestidos con elegantes y ricas encuadernaciones. S. M. la Reina Doña María Cristina, a quien se adjudicaron en la testamentaría de Su Augusto Esposo todos los libros que éste adquirió durante su breve reinado, no solamente los cedió a la Real Biblioteca, sino que siempre ha cuidado con extraordinaria solicitud de acrecentarla y honrada con su presencia, durante la menor edad de S.M. el Rey y de Sus Augustas hermanas, que solían acompañar en estas visitas a la nunca bastante llorada Princesa de Asturias Doña María de las Mercedes, así como Doña Teresa y S.A.R. la Infanta Doña Isabel Francisca, también se interesaron de continuo por la prosperidad de este Real establecimiento de cultura.
Por omisión, cometeríamos aquí una gran injusticia, si no declarásemos que la Real Biblioteca se ve precisada a adquirir poquísimos libros, sobre todo en España, porque constantemente autores y editores la favorecen con obras ofrecidas personalmente a las Reales Personas, encuadernadas con lujo, o remitiéndolas al bibliotecario. En la papeleta de cada una de ellas, se hace constar siempre, con la fecha de su ingreso, el nombre del donante que figura también, como se verá en el Catálogo impreso, al pie de la descripción del libro.
Queriendo SS. MM. dar una muestra patente y pública, dentro y fuera de España, de las riquezas contenidas en la Biblioteca Patrimonial, se ordenó, a fines de 1903, la impresión del Catálogo general. En otro lugar, y precediendo al mismo, hemos de discurrir al pormenor sobre este punto, defendiendo el sistema que adoptamos para la redacción de aquella obra, e historiando su nacimiento y desarrollo. En varias ocasiones hubo de interrumpirse ésta bruscamente, en particular al advertirse dos hurtos perpetrados por dependientes inferiores de la Real Biblioteca. Con ocasión del segundo despojo, el Sr. D. Arquero Huntington, acreditadísimo bibliófilo e hispanófilo norteamericano, con la esplendidez que le caracteriza, devolvió a S. M. graciosamente todos los ejemplares raros que de buena fe había adquirido en París, de un librero español, y que pertenecían indudablemente a la Real Biblioteca, como fue también propiedad de la misma el rarísimo incunable, con viñetas de madera, un vol. en fol., encuadernado en pasta española, que lleva por título Historia de los siete Sabios de Roma, y la del Rey Apolonio. Sevilla, 1495, desaparecido no sabemos cuándo ni cómo.
La Biblioteca debió luego también a la gentileza del Sr. Huntington, el nombramiento de Miembro honorario de la Hispanic Society of America.
Ya hicimos notar en la página CLXXV que, por una equivocación, tan incomprensible como lamentabilísima, de los funcionarios inferiores de la administración de justicia, llamados a cumplimentar la sentencia de un Tribunal superior, el ejemplar único conocido del Registro de Representantes, propio de esta Real Biblioteca, pasó a ser propiedad del librero mentado. Los verdaderos bibliófilos y, en general, cuantos hombres honrados administran bienes ajenos, nos perdonarán la jactancia de hacer constar aquí que, como lenitivo a las grandes amarguras por que hemos pasado, desde que advertimos aquellos hurtos, y durante el curso de los procesos a que dieron motivo, nos cabe la gloria de haber recuperado por nosotros mismos, casi todos los libros hurtados a S. M., y que luego se entregaron a los Tribunales.
El plano que a continuación ofrecemos de la planta baja de la Real Biblioteca, orientada a Poniente y Norte, o sea al Campo del Moro, y a la explanada de las Reales Caballerizas, da cabal idea de las dimensiones del local. También se ve claramente en la lámina, cómo están establecidos los principales servicios.
En vitrinas centrales, sobre mesas librerías, suelen estar expuestos los ejemplares únicos; el libro de Horas con las armas de Aragón y Henríquez; algunas encuadernaciones notables, como es la de tracería mudéjar en mosaico, obra del artista español Martín, que viste un ejemplar de las obras de Ventura de la Vega; preciosos artes de escribir, manuscritos; autógrafos notables; cofres de oro y plata recamados de piedras preciosas, conteniendo Mensajes elevados a los Reyes de España; plumas con las que firmaron documentos históricos; placas conmemorativas, y varios otros objetos de mucho precio e interés. La Real Biblioteca, a más de los diez salones y dependencias anejas, marcadas en el plano, cuenta con ocho habitaciones en los entresuelos, para depósito de obras impresas costeadas por el Real Patrimonio; de otras adquiridas, por más de cuatro ejemplares; suscripciones y toda suerte de publicaciones periódicas; cartografía; planos y estampas, a más del guardarropa y tocador de porteros y ordenanzas; almacén de estuches y cajas, en los que se reciben muchos libros; del mobiliario retirado para su restauración y del material propio para la limpieza del establecimiento. Por último, en el piso tercero de Palacio, según se acostumbra a contar en la Casa, y séptimo realmente, si se suman los que se ven desde el patio central, cuenta también la Biblioteca con un gran salón perpendicular al Campo del Moro, con doble estantería central, pieza en la que están depositados y signados con numeración correlativa algunos miles de duplicados definitivos.
Puede asegurarse, apoyándose en documentos y datos tan positivos como fehacientes, que las obras de toda especie que se hicieron en propiedades del Real Patrimonio de la Corona, durante la Regencia de Doña María Cristina, superaron en cantidad y calidad a las efectuadas en el reinado de Don Carlos III, con haber durado la Regencia doce años menos. Para formar idea aproximada de ello, basta leer la sucinta relación de las obras y mejoras realizadas sólo en el Real Sitio de San Lorenzo de El Escorial, noticia contenida en la Advertencia preliminar a la interesante obra del MARQUÉS DE BORJA, que lleva por título Panteones de Reyes y de Infantes... publicada cómo suplementos en La Ilustración Española y Americana, 1909.
De aquel entusiasmo y solicitud por la buena administración y acrecentamiento de la Real Hacienda durante toda la menor dad de Don Alfonso XIII, alcanzó mucha parte a su biblioteca particular. Los suelos de groseras losetas, se entablaron con el mejor pino de Valsain; los dobles juegos de vidrieras de las trece grandes ventanas, antes de pequeños y verdosos vidrios emplomados, se sustituyeron por limpios cristales de grandes dimensiones, reformándose, al propio tiempo, los marcos de las puertas, y se estableció el alumbrado eléctrico en toda la Real Dependencia, con las precauciones más modernas contra incendios. Las obras no se interrumpieron a la mayor edad de S. M. el Rey Don Alfonso XIII, y la Biblioteca adquirió calefacción central de vapor de agua en todo el recinto; lujosas e higiénicas instalaciones de retretes; pilas-lavabos para el servicio de los ordenanzas; agua corriente del Lozoya con filtros para la bebida, y la "Harvey's Pneumatic Dusting Machine", con la que se extrae el polvo de estantes y libros, sin que la más pequeña partícula quede en suspensión en la atmósfera. La limpieza, carencia de toda humedad y baja temperatura del local, hicieron en él imposible la existencia de polillas, correderas, arañas, ratones y de todos los otros enemigos declarados de los libros. Grandes transparentes y persianas, en los huecos que dan al Campo del Moro, orientados a Poniente, templan y amortiguan la luz, evitando que perjudique a las encuadernaciones de colores vivos. La colocación de aquellos en la estantería, responde de una parte al aprovechamiento del espacio disponible, y de otra, al mejor aspecto en general. La Sala II es la propia y exclusiva de los manuscritos. En la VIII, pieza de lectura destinada al público y la mayor de la Biblioteca, se agrupan los diccionarios de toda especie, bibliografías, catálogos y colecciones de consulta frecuente; en la IX, los incunables y raros que no se encuentran expuestos en vitrinas sobre las mesas. La antigua signatura topográfica consta en la Real Biblioteca de tres términos; en esta forma; III-B-4-Sala, estante, plúteo o tabla; datos que figuran generalmente al verso, parte superior de la guarda primera del libro, sólo en el tomo o volumen primero de obras que tienen más de uno, y en lugar análogo en la papeleta del índice. Creemos que pueden y deben simplificarse estas indicaciones: bastan dos cifras, una por la sala y otra por cada uno de los volúmenes que contiene: sistema que ya se adoptó en la Biblioteca Nacional. Por lo que hace al modo de fijar materialmente en el libro las cifras, hemos ideado un procedimiento y modelito que, en nuestra opinión, responde a diversas necesidades. Es la primera, no estropear con obleas o marbetes pegados en la lomera de los cuerpos, las encuadernaciones ricas y artísticas, y hacer visible la signatura, cuando se trata de un folleto de insignificante volumen, disimulado entre los tomos gruesos. La segunda, suprimir los fantasmas; o libros simulados, que algunos bibliotecarios adoptan para ocupar en el estante el sitio del libro verdadero que salió de él. Creemos, que nuestra signatura pendiente, sujeta por una hebra de seda o bramante delgado entre las hojas del tomo, resuelve aquellos problemillas. Cuando la obra sale del estante, se fija la signatura con una chinche metálica, corchete, etc., sobre el plúteo y en el hueco mismo que el libro dejó vacío, proclamando aquél así, a primera vista, que fue servido. El volumen lleva la misma signatura pegada al verso de la primera guarda, en el ángulo superior: tres juegos, por lo menos, de aquélla, prevén y facilitan los posibles pero rarísimos cambios de colocación, en las Salas catalogadas definitivamente. La papeleta del libro servido, dentro del local o fuera de él a las Personas Reales, se guarda en la Caja del índice y en su lugar propio, dentro de un sobre rojo que contiene, en el segundo caso, el recibo dado por la persona a quien inmediatamente se entregó la obra. Véanse aquí modelos de nuestra signatura fija y pendiente.
El color rojo denota que el volumen pertenece a Su Majestad el Rey; el azul, a la Reina; y ambas tintas combinadas en más o menos proporción, al Príncipe de Asturias, o a los Infantes sus Augustos hermanos.
Todos los libros se guardan en la estantería adosada al muro en armarios de caoba maciza y magníficas lunas, o en las mesas librerías centrales, de forma análoga e idéntico material. En los huecos de los ventanales, verdaderas habitaciones por el extraordinario grueso de los muros, a más de los muebles que contienen los irradiadores del calorífero central, en las salas VII, VIII y IX, hay fijas en la pared, bibliotecas de mano, sin puertas, que contienen obras de consulta frecuente. No hay para qué decir, que la Real Biblioteca posee ejemplares de las principales enciclopedias nacionales y extranjeras.
Al recorrer los salones del vasto establecimiento, suele llamar la atención, a primera vista, de muchos visitantes, el lujo de las encuadernaciones, y con ser así, se da el caso extraordinario de que la Real Biblioteca es pobrísima en ejemplares firmados por encuadernadores clásicos del extranjero, y aun por los pocos que en España se distinguieron, antes y ahora, en el arte de Benito, Martín, Ginesta, García la Bandera y Miralles; arte del que hemos tratado con alguna extensión, y dado su bibliografía general en nuestro tomo De libros 104. Sorprende el contraste que resulta casi siempre en la Real Biblioteca, entre el gran valor de ciertas obras, manuscritas o impresas, y sus miserables y antiartísticas encuadernaciones. Ejemplo de ello, la Gramática Castellana, por el LICENCIADO VILLALÓN..., EJEMPLAR ÚNICO, vestida con el más sencillo y vulgar pergamino a la paduana, y la Guerra y batalla campal de los perros contra los lobos, por ALONSO DE PALENCIA, también LIBRO ÚNICO, encuadernado en grosera pasta española. Esto, por lo que atañe al arte; pues, por lo que hace a encuadernaciones puramente históricas, tampoco suelen encontrarse muchas que formen colección con la del inventario de todos los bienes de la Reina Doña Juana La Loca, cubierta que hemos reproducido en la página LXII; con la mudéjar, de hierros en seco, que viste un tomo Del regimiento de Príncipes, traducido al castellano por un Prior General de la Orden de San Jerónimo, cuyo nombre no consta, y dedicado a Don Fernando V (?) de Castilla y de León, y la del libro Bruti Artaxerxis Hippocratis et Democriti epistolae e greco in latinum converscae a Renuto Aretino, manuscrito en vitela, de 1468, que es la propia de la Biblioteca de D. Pedro Antonio de Aragón, Duque de Segorbe y de Cardona. Tratándose de armonizar una discreta economía, con la conservación y buen aspecto de las encuadernaciones, en los pocos libros de nueva entrada que se adquieren en rústica, se adoptaron diversas variantes, de un solo tipo, en pieles y papel de los mismos colores azul y rojo de la librea de la Casa de Borbón, y por exlibris o marca, el escudo, en distintos tamaños, conforme al del tomo, que figura en la portada de éste. A más, en la parte inferior de la lomera, o debajo del escudo, según los casos, llevan los volúmenes un punzón circular con la cifra de Don Alfonso XIII, en oro, que va reproducido en las láminas de exlibris, al fin de estas notas históricas. Al notable artista catalán A. de Riquer, se debe la siguiente obra.
Algunas otras cifras del Monarca, a modo también de exlibris, compuestas en el extranjero, ostentan varios volúmenes existentes en la Real Biblioteca: ejemplo de ello, en "The Boy's Own Book: A Complete Encyclopcedia of Sports and Pastimes,... A Neim edition... London Crosby Lockwood and son... 1889". A más de los exlibris reproducidos en la lámina tantas veces citada, apenas si se encuentran otros en libros de la Real Biblioteca, fuera de los propios de François César Le Tellier, Marquis de Courtanvaux, de D. Antonio Álvarez de Abreu y del Marqués de la Torrecilla.
La Real Biblioteca, que depende, como hemos dicho, directa e inmediatamente de la Intendencia General de la Real Casa y Patrimonio, está servida por el Bibliotecario Mayor de S. M., dos Oficiales nombrados de Real Orden, tres Auxiliares, de ellos uno encargado de la Sección de Manuscritos, un Portero y dos Ordenanzas. La mayoría de los primeros pertenece al Cuerpo facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, posee el título de la suprimida Escuela Superior de Diplomática, o logró premio en los concursos públicos de bibliografía que convoca el Estado por conducto de la Biblioteca Nacional. En la del Rey, la nómina anual de los empleados alcanza la cifra de 20.800 pesetas. Los gastos presupuestos para suscripciones, escritorio y adquisición de libros de consulta, que casi son los únicos que se compran, ascienden al año de siete a ocho mil pesetas. Repetimos, que este importante Centro de cultura se enriquece constantemente por donaciones de Soberanos, Presidentes de Estados, autores y editores extranjeros y nacionales, a más de las compras ordenadas por S. M. y propuestas por el Bibliotecario, y los cambios de duplicados hechos con Corporaciones científicas, bibliófilos, eruditos, editores y libreros. Durante nuestra administración se efectuaron varias de estas transacciones con la Comisión Real de Historia de Bélgica, cuyas importantísimas obras poseemos completas. De ellas, sólo en el primer cambio, adquiriéronse 103 volúmenes de la Collection de Chroniques Belges inédites. También se efectuaron cambios con los ilustres bibliófilos Excmos. señores Marqués de Jerez de los Caballeros y Marqués de Laurencin, D. Luis Carmen a y Millán, D. Félix Boix y Merino, y con los libreros de Barcelona y Madrid Don Miguel Parera, Victoriano Suárez, M. Montes, Gabriel Sánchez y P. Vindel.
Los donativos de libros dispuestos por SS. MM., fueron también muy importantes para premios en certámenes científicos y literarios, y acrecentamiento de bibliotecas de varias Instituciones y Centros docentes, como la Asociación de la Prensa, en Madrid; la General para el estudio y defensa de la clase obrera; la Sociedad de Socorros e instrucción de Maestros carpinteros, de Valencia; la Arqueológico Luliana, de Palma de Mallorca; el Centro español, de Tampa; el Ateneo Científico y Literario; el Ayuntamiento y la Diputación Provincial, de Madrid; las Escuelas del Ave María, en Granada, fundadas y dirigidas por el santo y sapientísimo Doctor, Catedrático de la Universidad y Canónigo del Sacro-Monte, el Excmo. Sr. D. Andrés Manjón; la Sociedad de Tipógrafos y similares, de Salamanca; la Biblioteca Nacional, de Turín; el Instituto General y Técnico, de Burgos, y el Internado de PP. Escolapios, de Sarriá.
La Real Biblioteca está siempre abierta para toda suerte de consultas personales y por correo, sin tener que llenar otro requisito que solicitarlo, dirigiéndose, en carta particular, al Excmo. Sr. Intendente general de la Real Casa y Patrimonio, quien dentro de las cuarenta y ocho horas, cuando más tarde, acostumbra a otorgar el permiso. El Reglamento y varias Reales órdenes preceptúan, que el autor o editor que para su obra haya aprovechado, en consultas y citas de importancia, materiales de la Real Biblioteca, se obliga a regalarle dos ejemplares del libro, o de la fotografía tomada en aquélla. Teniendo presente que la mayoría de los lectores de la misma; particularmente los que consultan en la Sección de Manuscritos, son extranjeros, se han establecido horas para el público compatibles con las de la Biblioteca Nacional, a fin de que pueda trabajarse en ambas el mismo día: en Palacio, de dos y media a cinco y media de la tarde. La Real Biblioteca suele no cerrarse, si no es durante dos meses del estío, coincidiendo con la jornada, al Norte, de SS. MM. La lectura y consulta, por las condiciones especiales del local, es sumamente agradable. Apenas si atraviesa sus muros de fortaleza otro rumor lejano que el silbido de las locomotoras del Camino de hierro del Norte, o el del estampido de los cañonazos en el Campamento de Carabanchel. En la primera decena de Abril, se abren de par en par las grandes ventanas de Poniente, y la Real Biblioteca se inunda con las aromáticas brisas de la Casa de Campo, y altera dulcemente el augusto silencio de los salones, el silbar alegre de los mirlos que saltan de rama en rama en las frondosidades del Campo del Moro. Aún nos parece que oímos también el acompasado toque de marcha de un tambor del Real Cuerpo de Guardias Alabarderos, y el del clarín de la Escolta Real, que acompañaban muchas tardes los ejercicios militares de Don Alfonso XIII, niño, y sus compañeros de armas en estos hermosos jardines, cercados con verja, nivelados, repoblados, trazados nuevamente..., regenerados, en fin, para la agricultura, el arte, la higiene y hasta la moral y la seguridad personal, por la Reina Doña María Cristina, durante su Regencia. El Rey, que entonces subía muy animoso las empinadas cuestas, vestido de marinero, con el mauser al hombro en la primera fila de un pelotón de camaradas de su edad, hoy baja y sube por ellas frecuentemente, vestido de Capitán General, sobre hermosos caballos, o de automovilista, guiando la máquina con suma habilidad e inteligencia 105, y siempre acostumbra a dirigir una mirada afectuosa hacia las ventanas de su Librería, porque tiene bien aprendido, que encerraba una gran verdad el letrero puesto encima de la puerta de la más antigua biblioteca que registra la historia, y que perteneció también a un Rey. 106.
Y aquí damos punto a esta nuestra Introducción histórica, creyendo haber aducido datos suficientes a corroborar la afirmación con que comenzamos aquélla, relativa al carácter Real de la biblioteca en España; condición que es reflejo de la esencia misma de la lógica, porque la luz desciende de las alturas. La biblioteca es la expresión más genuina de la sabiduría, y ésta "es un vapor de la virtud de Dios, y como una sincera emanación de la claridad del Omnipotente...". 107
La Iglesia Católica y la Biblioteca fueron siempre, y siguen siéndolo en España, tan insuperables en todo el curso de nuestra historia, como la Monarquía lo es de ellas.
"L'unique testament de Saint Augustin (430) fut de recommander à ses prêtres le soin des livres qu'illeur avait rassemblés a Hippone";... "Saint Benoît Biscop, mourant, insistait sur deux avis solennels: conservation de la régularité monastique, et soins vigilan ts pour la bibliotheque". 108
Y es en verdad atrozmente sarcástica la consideración de que en los tiempos modernos fuesen precisamente las huestes del Capitán del siglo XIX, las que en nuestra patria entraron a saco por los campos de la cultura clásica. "Las guerras: pero sobre todas la más atroz, y la que más libros y bibliotecas ha devorado es la guerra francesa de Napoleón: de dos mil pasan las bibliotecas, entre públicas y particulares, desmanteladas y destruidas. No parezca exagerada esta suma: la cuenta es fácil y palmaria con sólo calcular el número de conventos entonces derribados o desiertos; cada uno de los cuales tenía su biblioteca, algunas de ellas preciosísimas. Tal era la de San Juan de los Reyes en Toledo, fundada por los Reyes Católicos, la cual fue toda devorada por las llamas. Algunas Comunidades Religiosas como la de la Merced Calzada tenían bibliotecas ricas, que servían al público; todas fueron taladas". 109
Los modernos regeneradores del mundo, en sus expansiones, no parecen más respetuosos con los Archivos y Bibliotecas, que los soldados de Bonaparte: de ello dieron elocuente prueba, en Barcelona, por Julio de 1909. ¡Qué puede esperarse de los discípulos del que llamó a D. MARCELINO MENÉNDEZ y PELAYO, vergüenza de la humanidad!
El propósito de mantener la reputación de conciencia literaria que debimos hace tiempo a aquel gran maestro, nos ha llevado, al escribir esta Introducción, hasta la pesadez y minuciosidad, queriendo ser probos y veraces, y ofrecer tela cortada a más hábiles sastres. Conviene repetir, como conclusión de estos desaliñados apuntes, que no hemos pretendido sino apilar materiales históricos, los más cascote, para la obra que podría emprenderse sobre bibliotecas particulares de los Reyes de España. Creemos tener conciencia de la insignificancia y falta de método de este nuestro, pobre trabajo. Sin embargo, algunas, al parecer, vulgaridades para los eruditos españoles y para los hispanófilos, quizás merezcan disculpa, considerando que pueden Ofrecer algún interés para la generalidad de los lectores extranjeros. De todas suertes, al que da lo que tiene, e hizo lo que podía, no es justo pedirle más, cuando está dispuesto a rectificar sus errores y ofrece de corazón atender y agradecer las indicaciones que sobre ellos se sirvan hacerle maestros, compañeros, amigos y extraños.
DIOS SOBRE TODO.
EL CONDE DE LAS NAVAS.
10 de Febrero de 1910.
RealBib 2007-08-07